el charco hondo

Celebrismo (y 2)

Sumándonos al celebrismo, dejándonos arrastrar colectivamente porque a vivir que son dos viernes, se incrementa la distancia que separa al ciudadano de a pie de los planes que las administraciones anuncian, con más bombo que platillo, para 2040, 2050 o más allá. A raíz de la pandemia, y en la convicción premeditadamente adormecida o aplazada de que el otoño está esperándonos con el cuchillo en la boca, a ojos de la inmensa mayoría de la gente, y en consecuencia también de los electores, el largo plazo es el siguiente lunes. La pandemia nos ha cambiado más de lo que creemos. Antes de que un virus nos secuestrara, deteniendo la vida, explicándonos lo fugaz y vulnerable que puede ser una normalidad que resultó ser líquida, el siglo XXI, el de la civilización del espectáculo, sembró atemporalidad, ficción, de alguna forma infantilizó al fomentar el consumo de productos, de experiencias, que nos alejaran de las sucesivas realidades que la economía o la vida van incorporando. A raíz de la pandemia, de la experiencia de sentirnos de porcelana, el imparable auge de las plataformas y de los productos que ofrece la industria audiovisual, ola de consumo de películas o series que seguirá creciendo al ritmo que impone una demanda infinita, confirma que va a más la religión del entretenimiento, esa necesidad de ausentarnos de la realidad durante unas horas colándonos en las historias que nos cuentan las pantallas. No solo nos damos un respiro o huimos atravesando esas pantallas. Celebramos a todas horas. Olvidamos la que se nos viene encima celebrando lo que sea. Hemos aterrizado en un calendario de celebraciones que se pisan unas a las otras, llegando a provocar la ansiedad que genera el temor a perderse algo o a dejar pasar, el síndrome FOMO, fear of missing out, pudiendo llevar, en casos más o menos extremos, a la preocupación compulsiva de perderse una oportunidad de interacción social o al afán, de imposible solución en meses de eventos coincidentes, de estar continuamente conectado con lo que otros están celebrando. Poco o ningún asunto está poniendo el CIS u otros informes al cambio de prioridades y hábitos que la experiencia de la pandemia o la inminencia de otra crisis ha provocado en quienes este verano se han hecho militantes del celebrismo, sin duda la ideología del momento, la que está marcando el consumo y alimentando una lectura extremadamente cortoplacista de realidad, alejando o desentendiendo de urgencias climáticas. El celebrismo es la medicina con la que la inmensa mayoría de la gente está tratándose el recuerdo de una pandemia o la llegada de un otoño temible.

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