el charco hondo

Comanda

La capacidad que permite retener y recordar, mediante procesos asociativos inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y conceptos experimentados, así como la información que se ha aprendido conscientemente, describe la memoria de cualquiera, también la de los camareros que, retándose a sí mismos sin necesidad, tienen la mala costumbre de escuchar lo que quieres pedir sin hacer anotación alguna, lo que más tarde que pronto se materializa, de pie, junto a la mesa, seguros de sí mismos, autoestima visiblemente elevada, ecuación de tercer grado, raíz cuadrada, malas sensaciones y ese confiar alegre e innecesariamente en su capacidad de retener la información que le damos los clientes. En tierra de nadie, apátridas del recuerdo, algunos camareros no son conscientes de que la memoria semántica les da la espada alineándose con la episódica, de tal forma que ni guardan, ni anotan, ni retienen, ni apuntan, ni se acuerdan de qué carajo se les había pedido cuando, después de cruzar la terraza viajando mentalmente a otros mundos, llegan a la cocina sonándoles, a duras penas, lo que escucharon cuando hace una eternidad estaban de pie, junto a la familia o grupo de amigos, sonriendo con satisfacción cuando se les insinuó que mejor tomara nota, no sea que, mejor será, por qué, no, sí, mire que, será mejor que anote, qué necesidad, ojo, son unas cuantas tapas, raciones, platos, cervezas, con alcohol, sin alcohol, vino, blanco, seco, postres, cortado corto de café, el mío solo con leche condensada, largo, descafeinado, y otro café, fuerte, amargo y escaso, sin gas. Hay casos, y casos. Las generalizaciones siempre son injustas e inexactas, pero el porcentaje de camareros con una consideración de su memoria tan alta como injustificada forma un ejército de desmemoriados. Incapaces de afianzar la técnica para retener lo que han escuchado, la memoria procedural (la culpable de que no desaprendamos a montar en bici o a conducir) les pasa de largo, condenándolos, y condenándonos, a que cualquier parecido entre lo que se les pide y lo que va llegando a la mesa deba situarse en el terreno de la casualidad; jamás son fruto de la causalidad, y así se explica que con excesiva frecuencia haya que regresar a la casilla de salida, al principio, volver a pedir, si no te importa, mejor anótalo, no te sientas mal por eso, la memoria es caprichosa, y cruel, a veces, contigo, sí, cosas que pasan, fijo que hay tareas que sí haces bien, ánimo, ni te preocupes, pero con lo fácil que es anotarlo sin arriesgarte a hacernos perder tiempo con tu intento fallido, ni te disculpes, venga, vale, mejor acompáñalo con algo de ensalada, apunta, anota, hazlo.

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