el charco hondo

El perreo del festival

Hay episodios que merecen empezarse por el final; por ejemplo, con lo de la suspensión, hace apenas dos días, del festival programado para mañana en San Miguel de Abona. Únicamente yendo a los minutos de descuento puede dimensionarse en su justa medida la deshora e imprevisión que oxidan algunas acciones públicas e iniciativas privadas. Y el final, lo injustificable, comienza a rodar recordando que protección civil y policía local emitieron en mayo (sí, en mayo) informes desfavorables a la celebración del evento; y, sobre todo, que el decreto del alcalde decidiendo la suspensión del festival se firmó el 26 de julio, este martes, apenas un par de días antes de que allí se plantaran veinte mil almas que pagaron sus entradas en febrero o poco después. Algo así pasó en Madrid —dicen—. ¿Y qué? —cabe responderles—. Cuando en la península se suspende un concierto subes al coche y vuelves a casa. Cuando lo desautorizas aquí, con gente de fuera ya en la Isla, el gasto del vuelo te lo comes con papas, arrugadas o no. La traca final ha sido la de un Ayuntamiento que no adoptó la decisión semanas atrás y que, empeorándolo, ni se tomó la molestia de emitir un comunicado el mismísimo martes informando sobre el decreto de suspensión, total, para qué, ya se enterarán por ahí, y olé. En esa Alcaldía o despachos colindantes a ninguno se le pasó por la cabeza enviar una nota de prensa para contarlo, información que desprende el olor del obligado cumplimiento. Si durante un buen puñado de semanas el Ayuntamiento ha considerado que ha faltado documentación, ha contado con informes urbanísticos y de seguridad desfavorables, entendió insuficientes los preceptivos protocolos de actuación, concluyó que veinte mil personas en 42.000 metros cuadrados complica la capacidad de evacuación o estimó que el plan de seguridad vial exige efectivos para garantizar el control del tráfico con los que el municipio no cuenta, si esto es así, y así fue, y es, qué menos que preguntarse por qué el alcalde optó por el silencio hasta que ayer dio señales de vida, a regañadientes, porque se había liado en la prensa, primero, y en las redes, después. Si no reúne las condiciones de seguridad, en todos los términos o variables del epígrafe, el festival no debe celebrarse; pero bien pudo el Ayuntamiento decretar e informar, muchísimo antes, de que había suspendido el espectáculo. Dirán que se intentó hasta el último momento para salvar el evento, fíjate tú. Ayer el perreo de la confusión fue lamentable, con cruce de desmentidos, confirmaciones y otros juegos malabares. Así no se hacen las cosas, han dejado al municipio y a la Isla (la marca) en mal lugar. Si finalmente se suspende habrá lío. Si deciden celebrarlo a ver cómo explica el alcalde, con los juzgados calentando motores, la magia que hizo falta para subsanar en apenas unas horas lo que no se subsanó durante meses.

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