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Hay políticos muy brutos

Bhagwant Manon, jefe del Gobierno del Punyat, en la India, intentando convencer a sus gobernados de que podían beber el agua de un río, se mandó un vaso y las cagaleras fueron tales que terminó deshidratado en un hospital y escapó de chiripa. Me acabo de acordar de Fraga en Palomares, enfundado en aquel horrible meyba, que parece que no era suyo sino de un guardia civil. A lo mejor Fraga no se murió en el acto porque las prendas de la Benemérita, aunque no sean verdes, suelen permanecer en el tiempo y sus dueños también. El político hindú quiso demostrar que él es un campeón y que las charcas de su región son un modelo de limpieza y acabó más trasquilado que una oveja. Ahora, en verano, cuando a cualquier insensato se le ocurra ir a México, que se acuerde del llamado mal de Moctezuma, que es una maldición de aquel emperador indígena por cosas de las invasiones, yo creo que más bien dirigida a Hernán Cortés, que tenía un estómago a prueba de mosquete. Consiste la enfermedad en unas irrefrenables cagaleras que duran días y que dejan a uno escuchimizado. En México, agua embotellada y que sea Evian a ser posible, que los Alpes son buenos para eliminar lo impuro. En fin, que hay políticos muy locos. En ese río hindú cagan las vacas y depositan a los muertos, ¿cómo va a beber la gente de esa agua? La cosa parece que se ha resuelto con otras recomendaciones, pero el bueno de Bhagwant casi da el estampido y, detrás de él, todos los pelotas que se bebieron con el jefe el vasito de agua, en señal de adhesión inquebrantable a tan ignorante dirigente del Punyab. “El agua, pa los patos”, dijo uno de sus ayudantes, que se escaqueó a tiempo.

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