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José Sanchis Sinisterra: “El teatro es literatura y espectáculo; una cosa no invalida a la otra”

El dramaturgo y director teatral español recibe este jueves en el Auditorio de Tenerife el premio Cartógrafo Ilustre 2022 de MAPAS, el Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur
José Sanchis Sinisterra. / Carlos Núñez de Arenas

El dramaturgo y director teatral José Sanchis Sinisterra (Valencia, 28 de junio de 1940) recibe hoy jueves en el Auditorio de Tenerife el premio Cartógrafo Ilustre 2022, que le otorga el Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur, MAPAS. Un reconocimiento a la trayectoria del autor de más de 50 piezas teatrales, uno de los grandes renovadores de la escena. Sanchis Sinisterra mantendrá una conversación abierta al público, a las 12.00 horas, con Fabio Rubiano, director de Teatro Petra, para luego recibir, a las 13.00 horas, el homenaje de MAPAS Mercado.

-MAPAS le distingue en su quinta edición con el galardón de Cartógrafo Ilustre. ¿Qué le parece este reconocimiento?
“Me sorprendió mucho porque no tenía noticia de la existencia de este premio. En principio uno se lo toma en sentido literal y pensé, ¡pero si yo me extravío siempre, soy un desastre para los mapas [risas]! Me sorprendió el premio hasta que me enteré que estaba detrás MAPAS, un proyecto del que he oído hablar, pero del que no tenía mucha información”.

-Su carrera está muy vinculada a Latinoamérica, y en concreto al Festival de Manizales, en Colombia. En 1985 comenzó una fructífera relación profesional.
“En mi vida hay un antes y un después de mi contacto con América Latina. En la universidad me fascinaba el mundo latinoamericano. Me interesó la devastación de las culturas precolombinas por los conquistadores españoles. Después José Antonio Labordeta, poeta, escritor y luego político, me descubrió parte de la narrativa latinoamericana. En aquella época yo era muy afrancesado, estaba impregnado de la cultura europea, de Bertolt Brecht… y él me desplegó ese paisaje impresionante. Cuando el Festival de Manizales, por medio de Octavio Arbeláez, invitó al Teatro Fronterizo con la obra Ñaque o de piojos y actores, crucé el océano y aterricé en Colombia. Se convirtió en un horizonte necesario: viajar a Latinoamérica, conocer el teatro de allí, hacer amigos y amigas y participar en experiencias como puente con España”.

-Colombia fue el comienzo de una relación que se mantiene.
“Esa estancia me permitió ver espectáculos que no conocía. Además, Octavio Arbeláez me pidió que hiciera un taller de dramaturgia y al terminar se me acercó uno de los participantes, Luis Carlos Medina, que era profesor de la Facultad de Artes en la Universidad de Antioquia, en Medellín. Me dijo que en Colombia y en otros países latinos el teatro de texto estaba relegado, la creación colectiva lo había desterrado, y me planteó ir a Medellín a hacer una reivindicación del texto. Eso me llevó al año siguiente a hacer allí un taller donde combiné la dramaturgia de textos narrativos con la textual. Ahí comenzó todo”.

-Usted fue un revulsivo para reivindicar el teatro de texto.
“Me gusta pensar que en algo contribuí. También en España estaba minusvalorado. Defiendo la doble naturaleza del teatro: es literatura y es espectáculo. Una cosa no invalida la otra”.

-En la Sala Beckett de Barcelona hubo talleres para profesionales de Latinoamérica que propiciaron una nueva generación de dramaturgos.
“En 1989 decidí abrir ese espacio. Uno de sus primeros objetivos era establecer un puente con América Latina. La oportunidad llegó en 1992 con los fastos del quinto centenario, una buena ocasión para pedir ayuda a las instituciones. Organizamos un taller de creación y producción para teatristas latinoamericanos. Fue una experiencia extraordinaria que continuó unos años más. Eran las vacas gordas y existía la voluntad de tender puentes. No había Internet, o al menos no tenía la presencia que tuvo después, con lo cual fue interesante, porque los propios talleristas latinoamericanos no sabían lo que ocurría en otros países del continente”.

-El Teatro Fronterizo le sirvió para dar vida a muchos de sus textos. A través de Nuevo Teatro Fronterizo sigue alimentando la vocación de trabajar con Latinoamérica. ¿Qué planes tiene?
“En 2011 o 2012, apenas abierto el local de Nuevo Teatro Fronterizo en Madrid, conectamos con un grupo de estudiosos latinoamericanos que hacían un máster en la Universidad Carlos III. Sobre todo a través de la directora mexicana Gema Aparicio organizamos un ciclo de lecturas dramatizadas de obras de los países de los alumnos del máster. A partir de ahí hemos seguido poniendo el acento en el tema latinoamericano. El problema es que hoy estamos en una crisis tremenda. Es más, el teatro va a cerrar y estamos preparando el modo de clausurar el proyecto, aunque hay tentativas de reflotarlo en otoño, pero de momento estamos en fase, diríamos, terminal. Las instituciones hasta ahora no han movido un dedo”.

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