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Venezuela y el whisky

Cuenta Trino Garriga, reportero gráfico, premio Canarias y, sobre todo, amigo, que una vez cogieron muy fuerte pedo en Caracas él y su amigo –y mío— el periodista y publicista Mauricio-Gómez Leal, paz descanse. Trino comenta que cuando se despertó encontró a Mauricio en la terraza de su casa, enguruñado, durmiendo la mona en la vieja cunita de su hija, que Trino guardaba en el balcón porque la niña ya no la usaba. Tuvo que ser aquella una cargacera histórica, como tantas que agarraron ambos, porque en esta profesión ya se sabe. En Venezuela, el whisky de reserva es la bebida nacional. Y es que tienes que beber mucho para emborracharte, porque no hay otro país mejor para sudar el escocés. Una vez, Juan-Manuel García Ramos y yo celebramos un almuerzo, invitados por el empresario Paco González Yanes, en un restaurante de Caracas. Los invitados eran el académico venezolano don Luis Pastori y el periodista Menasalvas. La comida duró desde las dos de la tarde a las nueve o diez de la noche y allí se consumieron más de media docena de botellas del mejor whisky que existe –a mi entender—, el Buchanan´s de 18 años, que yo solía conseguir de estraperlo en el economato militar de Puerto Cabello. Una vez me olvidé que traía una caja de seis botellas, me fui a mi casa y me llamó la compañía aérea desde Los Rodeos para decirme: “Oiga, que aquí hay una caja facturada por usted, venga a recogerla”. Había estado horas dando vueltas en la cinta de equipajes. Todavía tengo algunas botellas de Old Parr de la época. Era el preferido de Morel Rodríguez, gobernador que fue del Estado de Nueva Esparta y amigo. De vez en cuando me largo un buche. En su finca nació mi novela “Los gallos de Achímpano”.

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