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Unos matándose y otros de vacaciones

Pasó lo mismo en los Balcanes, cuando aquella guerra. Unos en las playas, disfrutando del verano, y a cien kilómetros otros se mataban y cometían verdaderas atrocidades. Ahora, rusos y ucranianos se despedazan en Ucrania, en una guerra terrible, y poco más acá disfruta el mundo del veranito con indiferencia y regocijo. Nadie se acuerda de la invasión, nadie se acuerda del desastre, todo se reduce a armas y más armas y a intentar ayudar al más débil, algo que me parece bien pero también me parecería estupendo que se buscaran otras soluciones. Yo vi en Dubrovnik el agujero que hizo un misil serbio que atravesó el cristal policromado de una farmacia, situada dentro de un viejo monasterio; de una farmacia llena de gente. Afortunadamente no explotó, pero a esta ciudad la masacraban los serbios desde las montañas cercanas, mientras Europa, la ONU y la OTAN hacían más bien poco y los Estados Unidos, poderosos e ignorantes, todavía menos. Aquello fue una guerra religiosa brutal, que dinamitó la antigua Yugoslavia de Tito y que concentró todos los odios viejos en una contienda fratricida que parecía no tener fin. Quien mejor la definió fue Bono, el cantante de U-2, con una bella canción, Miss Sarajevo: un concurso de belleza entre las ruinas de la ciudad. Y en Candelaria se los quieren cargar. Ya sé que estamos en la tercera guerra mundial, no hay más que leer los periódicos. Una guerra distinta a todas, pero parece que de ninguna de las convencionales anteriores hemos aprendido nada. Sólo hemos cambiado los métodos para hacerlas más bestias. La brutalidad sigue persiguiéndonos por doquier y cada día la gente es más cruel y despiadada. ¿O no han visto las imágenes del bombardeo de una cárcel en Ucrania? Yo sí.

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