Ecuaciones

El runrún de polémicas agigantadas o relativizadas por gobierno u oposición, por cargos públicos u orgánicos que aspiran a permanecer, regresar o debutar, esa banda sonora que invade la actualidad como lo hace el hilo musical de los hoteles o restaurantes, dejándose oír, colándose en los espacios y conversaciones, acompañándonos ininterrumpidamente, en el caso de los partidos, a golpe de comunicados de prensa, tuits, fotografías tatuadas en las redes o declaraciones precocinadas, todas esas herramientas suelen dar paso al coro de los cordones sanitarios, a la promesa de que jamás compartirán mesas de gobiernos con éste o aquellos, al compromiso de dejar fuera de cualquier ecuación a aquellos a los que durante la campaña culpan de males bíblicos, fracasos, olvidos y decepciones. El estribillo que flota en el aire, la música y la letra de la campaña que arrancó a la vuelta de las últimas vacaciones, cabalga al ritmo que marcan discursos de acoso y derribo, o, en su caso, de la apropiación de las posibles soluciones. Con todo, lo esencial son las ecuaciones. Polémicas, notas de prensa, tuits, actos de campaña y discursos dan forma a un aliño tan previsible como inevitable, pero cuando el espectáculo acabe lo sustancial serán las ecuaciones que marquen quiénes continuan pilotando los presupuestos públicos o, en su caso, quiénes regresan a la cabina del avión. Ecuaciones las hay para muchos gustos o colores. Lineales. Cuadráticas. Cúbicas. Racionales e irracionales. Diferenciales. Exponenciales. Integrales. Trigonométricas. No es poca la tentación de encajar en alguna de ellas los posibles pactos o combinaciones que puedan darse en Canarias después de mayo, acuerdos que aterrizando las ecuaciones en la escena local se reducen a tres opciones: reeditar el actual pacto de gobierno o ir de la mano Coalición con los de Feijóo (Casimiro Curbelo sería necesario en la primera, y también en la segunda); y, como plan C, reencontrarse socialistas y Coalición. Sobra decir (o no) que las ecuaciones parlamentarias estarán muy condicionadas por lo que previamente haya pasado en cabildos y ayuntamientos. Coalición ya ha dicho que no pactará con los de Abascal ni con los huérfanos de Iglesias, abriéndose, eso sí, a acuerdos con populares y socialistas. Bueno será que otros se animen y pongan las cartas boca arriba, que digan públicamente en qué ecuaciones se ven o a qué ecuaciones cierran sus puertas con candado, irrevocablemente. Y, en esa dirección, hay una pregunta que merece hacerse y ser respondida, ¿Ángel Víctor Torres se comprometerá antes de que abran los colegios electorales a no pactar pase lo que pase con Coalición o dejará esa puerta entreabierta?

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