después del paréntesis

Manifestación

Un complejo grupo de asociaciones, con personas que las representan como Rosa Díez o el filósofo Fernando Savater, son los convocantes de la manifestación (21 de enero) en contra de Pedro Sánchez. La instancia resulta apabullante, entre otras cosas porque detrás de esa maniobra se encuentra Vox y la ultraderecha. En lo cual se sustancia el manifiesto: un presidente electo democráticamente es cuestionado en público por estos sectores del reduccionismo y del fundamentalismo. Y ello nos da qué pensar. Pues la inquina se maneja por dos factores que a esa entidad le parecen improcedentes en función de su gran España: no tocar la centralidad ni tratar con sospechosos. Consta porque se sabe y argumenta que el presidente tal se encuentra en el poder por partidos que traicionan y niegan a la nación: ERC y Bildu. Luego, Sánchez ha de ser reconvenido como tal porque ningún gobernante puede arrimarse a semejante factor. Y eso es lo que tensa el hilo de la concisión.

Porque lo que sujeta a la política, incluidas las manifestaciones, es el principio impar que las sostiene: la democracia. Y resulta que los que de ese modo se muestran aducen que dos partidos legales, que tienen votantes a las espaldas, no pueden tener actividad parlamentaria por lo que defienden, la independencia del País Vasco o Cataluña. Eso es lo que se encuentra en la cima de sus delirios; o lo que es lo mismo, que esos partidos actúen en política implica no tanto un modo de actuación en democracia cuanto que sentencia a quien con ellos se aviene, en este caso el presidente Pedro Sánchez, que no defiende la unidad incuestionable de España sino las dichas diferencias. Porque prueban: leyes precisas para rebajar penas a los rebeldes; desconsideración de la sedición o la malversación de fondos. Es decir, otro punto más de la discordia.

Quien gobierna, que no es solo un presidente, no puede asumir el riesgo de reparar lo que la derecha de este país sancionó, que pasara de tener Cataluña un 15% de independentistas a un 49%. Y es que queda la santísima unción del franquismo, y que estos deudos volverán a proclamar el enfrentamiento porque la dicha unidad no se toca; más aún, en su gobierno la dicha unidad no podrá cuestionarse por partidos (los señalados) que manifiesten esos principios. De manera que ante acontecimientos como los vistos (el PP en los lindes del cruce) uno se pregunta ¿a qué responde la razón, a lo incondicional o a lo sumiso? Eso pregonan, el yugo de la represión.

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