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Sueño perturbador

En la noche del lunes al martes últimos tuve un sueño perturbador, que se repetía tras las tres veces que me levanté de la cama durante la madrugada. El sueño no tenía demasiada importancia, se refería a un viejo cumpleaños, a una reunión de amigos. Pero lo raro fue su contumacia, pues los sueños suelen disiparse cuando los rompes; y este no fue el caso. Cada vez duermo peor, a pesar de la melatonina y a pesar de que mi conciencia está cada vez más lejana de las preocupaciones; es decir, cercana a lo que se conoce como conciencia tranquila. Ya no sintonizo El Chiringuito, porque los gritos me crispan a esas horas, no bebo alcohol y menos por la noche, no he consumido jamás estupefacientes, no fumo y sólo leo y escribo hasta la madrugada, así que no tendría motivos por los que alterarme; si acaso las series, en las que tampoco consumo violencia de ningún tipo y ahora me ha dado por las novelas colombianas y las películas de papa Noel, fuera de tiempo. Puede que todo venga dado porque no camino, a pesar de los consejos de mi médico y porque paso demasiado tiempo en casa, así que me voy a poner en el asunto y voy a dar unos paseos diarios de media hora, que es lo que me ha recetado el galeno para que no se me agarroten los músculos de las piernas y para facilitar la circulación y bajar la glucosa. Hacía tiempo que no sufría sueños recurrentes y antipáticos relacionados con la crispación, lo cual me produce mal humor mañanero cuando los recuerdo. Me pongo de muy mala leche. Otra cosa que detesto es desplazarme a Santa Cruz, por lo que todos aquellos que quieran almorzar conmigo en el futuro, o vienen al norte o se detienen en Los Limoneros.

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