conversaciones en los limoneros

“La última operación accionarial del Tete era necesaria y dará sus frutos”

José González Carrillo tiene ya 88 años y fue presidente del CD Tenerife
"La última operación accionarial del Tete era necesaria y dará sus frutos"

José González Carrillo tiene ya 88 años. Su cabeza está lúcida, pero le fallan algo sus piernas y lleva bastón, “por precaución”. Él también escribió una parte importante de la historia del C.D. Tenerife. En el ojal, la insignia de oro y brillantes que el club le concedió, hace años. Todavía va al fútbol, al palco de honor. Yo lo conozco hace cincuenta años y somos amigos. Forma parte de un grupo reducido –y tan reducido que apenas quedamos cuatro y éramos algo así como una docena— de tertulianos que nos reunimos de vez en vez, una de ellas en diciembre. En cincuenta años que hace que jugamos a la lotería de Navidad jamás nos ha tocado ni siquiera un reintegro. Tengo el nombre del gafe, pero no lo voy a decir. Presidió primero el C.D. Toscal, una breve temporada, y luego los socios lo elevaron a presidente del Tete, cuando el equipo jugaba en Tercera División. Lo subió a Segunda, con García-Verdugo de entrenador. Escribió páginas muy interesantes en la historia de este equipo, ya lo ha contado mi compañero Luis Padilla en el libro del Centenario. Y fue quien fichó como entrenador a uno de los mejores que ha preparado a la plantilla que viste de blanquiazul: Héctor Núñez, a quien traté, con el que tuve mucha amistad y que inventó aquello del “fútbol acordeón”. Muy parecido a lo que hace el Real Madrid ahora, con Ancelotti: todos atacaban, todos defendían. Pepe González Carrillo trabajó toda la vida –o casi— en Electro Radio, donde don Pedro González García, el dueño, le daba todo tipo de facilidades para que rigiera el club. Me promete que jamás cobró una peseta de aquel presupuesto.


-¿A cuánto ascendía tu presupuesto anual?
“Me estás haciendo un examen a cincuenta años de distancia, pero creo que eran cuatro millones de pesetas, que hoy deben ser unos 24.000 euros”.


-¿Qué jugador era el que más ganaba?
“No me acuerdo, pero toda la plantilla percibía cantidades más o menos parecidas”.


-Tú pasaste a la historia por dos motivos: uno, por el traspaso de Juanito “el Vieja” al Barcelona. Dos, por la venta del estadio al Cabildo.
“Sí, a Juanito lo traspasamos por cuatro millones de pesetas porque estábamos entrampados. Agustín Montal, presidente del Barsa, nos invitó a Domingo Pérez y a mí a su casa y le mandó un ramo de flores a mi mujer. A mí me quiso cambiar de hotel. Yo estaba en Barcelona con Lourdes por una reunión profesional, de mi trabajo, y luego seguíamos para Mallorca. Le dije que no, que me encontraba bien donde me hospedaba, un hotelito modesto. Quien más tuvo que ver en ese traspaso fue nuestro amigo Domingo Pérez, en paz descanse, que era el secretario general del Tenerife”.


-Por cierto, Pepe, a nadie se le ha ocurrido rendirle un homenaje a Domingo, ni cuando estaba vivo, ni ahora, que nos ha dejado.
“No, y lo fue todo en el club. Y cuando digo todo es porque lo siento así”.


-¿Hubieras vendido el estadio hoy?
“No. Lo adquirió el Cabildo, en una subasta pública instada por la Caja de Ahorros, en 21 millones de pesetas. Pero tuvimos que acceder a los deseos de la Caja porque estábamos con una mano delante y otra detrás. Me parece que fue en tiempos de la presidencia en el Cabildo de Rafael Clavijo, pero la memoria me puede jugar una mala pasada”.


-Cuando subieron a Segunda División ficharon a jugadores muy interesantes. ¿No es cierto?
“Sí, tan buenos como Mauro, al que trajimos del Celta de Vigo, y Bergara, un uruguayo rapidísimo que dio mucho juego en el club. Y otros de la cantera, como Francisco y Nolito Sánchez, que jugaban como los ángeles. Pero nunca pude fichar a Movilla”.


-¿Qué te ha parecido la operación de sustitución de Miguel Concepción?
“Bien, era necesaria por los motivos ya conocidos; y los actuales accionistas de referencia creo que son muy serios y que pueden hacerlo bien. Es preciso crear un club fuerte, estar allá arriba. Este año no podrá ser, pero ya se verá”.


(Pepe recuerda aquel año de 1976. Trabajaba yo en DIARIO DE AVISOS como jefe de Deportes. Una radio me metió el micrófono para preguntarme si me pareció penalti lo que había pitado el árbitro en el área del Tenerife. Dije que sí, en contra de lo que opinaban todos los periodistas presentes, que estaban casados con el club. Quince mil gargantas se volvieron contra mí. Querían lincharme. El delegado gubernativo, que era policía y se llamaba Fernando, me pidió que saliera del estadio. Me negué. Me dijo que no podría contener a la gente con las fuerzas de que disponía, los grises de Franco residuales. Me seguí negando. Llamó al gobernador y el gobernador me pidió que saliera. Me lo pidió por favor. Y salí, en medio de un estruendo que pasó a la historia. Tengo las fotos, publiqué una en mis memorias. Pepe González Carrillo también estaba allí).


“¿Pues no iba a estar? Le echaste huevos, pero te hubieran colgado de la grada. La gente estaba muy de uñas contigo porque ibas por libre y la prensa deportiva de entonces no estaba muy acostumbrada a opiniones políticamente incorrectas. Algunos periodistas se metían hasta en los vestuarios, era inaceptable”.


-Fuiste el presidente de las Bodas de Oro.
“Ah, sí, y nombramos máximo responsable de la comisión organizadora a Juan Domínguez del Toro, que era concejal de Santa Cruz, una gran persona que llevó a cabo su cometido con enorme seriedad. Salieron muy bien los fastos de esa efeméride”.


(Tengo que hacer un inciso. Una vez viajamos varios a Bélgica, a Amberes, para organizar la Europalia, comisionados por el Cabildo de Tenerife. Uno de los integrantes de la embajada tinerfeña era el citado Juan Domínguez del Toro. El hotel tenía incorporado en la cabecera de la cama de cada habitación un reloj despertador. El de la habitación de Juanito Domínguez estaba estropeado. Y nosotros teníamos que visitar el Ayuntamiento de Amberes al día siguiente. Él no sabía idiomas pero ideó una forma muy original para que alguien del servicio técnico subiera a arreglarle el reloj. Llamó a recepción del hotel y dijo lo siguiente: “Aquí, el señor Domínguez. Tic-tac-tic-tac-tic-tac no ring ring”. Y subieron a arreglárselo”.


-Oye, pepe, ¿tú compraste algún árbitro?
“Jamás”.


-¿De verdad?
“De verdad, en aquella época conocíamos a los árbitros, que eran amateurs y cobraban cuatro perras por partido, por sus apodos, casi siempre relativos a sus profesiones: “el bombero”, “el carpintero”, “el cerrajero”.


-¿Y qué me dices del caso Negreira?
“Que dejemos trabajar a la justicia”.


-¿Cuál fue la mayor prima que has pagado a los jugadores?
“Me parece recordar que 12.000 pesetas por el partido más importante de sus vidas, en el que nos jugábamos un ascenso”.


-¿Por qué desmantelaste el Toscal, cuando pasaste de ser su presidente al Tete?
“Para reforzar al Tenerife, que era el equipo representativo”.


-¿Qué opinión tienes de Garrido, el mayor accionista actual?
“Mira, un hombre que mete en un club diez millones de euros es porque cree en el proyecto. Y eso me gusta”.


-De momento, veo muchas carencias en el equipo.
“El Tenerife no está jugando mal, pero también tiene que entrar la bola en las porterías rivales. Esto es una lotería y tú ya sabes que esto de la lotería es un problema. Llevamos cincuenta años jugando y ni un reintegro”.


-Pero eso es porque hay un gafe entre nosotros.
“Sí, eso también es verdad”.


-¿Javier Pérez?
“Un gran presidente, el mejor, aunque a veces no se le trató bien. Hay mucha gente ingrata, pero Javier puso al C.D. Tenerife en el mundo”.


-¿Y Miguel Concepción?
“Siempre me trató muy bien y no tengo ninguna queja de él, ni como aficionado, ni como persona”.


-¿Es verdad que a Molina no le dejaban comer postre en las concentraciones?
“A Molina lo trajimos nosotros. Fue un acuerdo que logró Domingo Pérez con el secretario general de la Unión Deportiva Las Palmas, Jesús García Panasco. Y lo del postre es una leyenda; parece que era para que no engordara, porque tenía tendencia a ello. Fue un gran central, el mejor que hemos tenido, con Correa”.


-Nadie se acuerda de Felipe, el jugador orotavense que jugó en el Tenerife y en Las Palmas y que fue internacional.
“¿Cómo que no? Era uno de los mejores futbolistas de nuestra plantilla. Lo traspasamos a la Unión Deportiva por cuatro millones de pesetas. Fui a buscarlo a La Orotava con el médico del club, Óscar Acosta, para que fichara por el Tete. Y luego tuvieron que venderlo, cuando yo ya no era presidente. A mí me quedó pena de no poder fichar a Gerardo Movilla, que era un gran jugador, pero dependía entonces del Real Madrid”.


-¿Qué fútbol es mejor, el de ahora o el de 1969, que fue cuando comenzaste tu etapa de presidente?
“El de ahora, sin duda. Y compara también los estadios, los terrenos de juego, que eran patatales. Se jugaba en auténticos barrizales, no tenían nada que ver con las alfombras de hoy en día”.


-¿Ya no eres del Real Madrid?
“Yo soy del C.D. Tenerife y de ningún equipo más”.


-¿Y te alegró lo de aquellas ligas arrebatadas al Real Madrid?
“Yo me alegro siempre que gane el Tenerife, influya o no en los resultados de la liga y sea el que sea el equipo rival”.


-¿Cuál era la deuda cuando le vendiste el estadio al Cabildo?
“Ocho millones de pesetas, me parece, y creo que te dije que el Cabildo pagó 21 millones. No me hagas mucho caso porque la memoria me falla un poco. ¡Es que hace de eso 50 años!”.


-¿Por qué dimitiste, en el año 1973, y mandaste al carajo a todo el mundo?
“Me metieron una zancadilla algunos miembros de mi directiva, los Cano y otros. Y yo tenía mi trabajo, que podía perder, porque el club no me pagaba una peseta. Y tenía cuatro hijos que mantener y hasta Lourdes, mi mujer, me dijo que ya estaba bien de sacrificios. Por eso me fui. Pero nunca me separé del Tenerife, al que le debo mucho. Y todavía voy a los partidos y me divierto con el fútbol y disfruto con sus triunfos”.


(En cierta ocasión jugaba el Tenerife en Vigo. Cuatro amigos decidimos ir a ver el partido: Pepe González Carrillo, el empresario Francisco Hernández Pérez (el Pichote), el periodista Arturo Trujillo Martín y yo. Cogimos un avión Convair Metropolitan que hacía la ruta Tenerife-El Aaiun-Casablanca-Málaga y Madrid. En Madrid, un trasbordo a Vigo. Llegamos al partido, pero sin maletas y agotados. Al tipo de Iberia le dijimos que éramos el grupo de Manolo Escobar (Pepe tiene un cierto parecido) y sus hermanos y que nos habían perdido las guitarras. Iberia movió Roma con Santiago y al final alguien llevó a Vigo el equipaje. Fue el periplo más largo y divertido de nuestra historia. Yo entré al estadio de Balaídos con una camisa prestada, de tres tallas menos que la mía. Cuando me libré de ella tuve que soportar las marcas que me dejó en el cuerpo durante días. Allí, en Vigo, Pepe González Carrillo hizo prácticas de francés y conoció a Franqui, el cantante; pregúntenle a él la historia, yo no me acuerdo de nada).


-¿Alguien de quien te acuerdes y le tengas que agradecer algo?
“Mira, ya que lo dices, a Jesús Artal, en paz descanse, que fue director de Wagons Lits Cook. Le llegamos a deber 1,3 millones de pesetas de entonces. Siempre confió en nosotros. Y se los pagamos enteritos”.


-Que el Señor nos ampare.

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