No es sólo el calor, que jode bastante, sino que esto está lleno de turistas, con los que te tropiezas por la calle. Nos quejamos, con la pandemia, de que el turismo no llegaba y ahora, con la aparente salud, nos quejamos también de que está todo lleno, te atienden mal, comes peor, te cabreas, las carreteras están llenas de coches y no aparca ni el potito. No se puede ir a ninguna parte y juro solemnemente que desde hoy al final de semana santa haré lo posible por no poner un pie en la calle, sino que me quedo en casa, que es donde mejor se está. Ni siquiera Mini, que tiene un apetito voraz, quiere comer más que lo imprescindible; y yo fui al Trompo, ayer sábado por la mañana, para lavar el coche, comprar su comida y una maquinita de esas para pelarme y las pasé negras, por el puto calor. También fui a La Punta a ver a un amigo y la carretera estaba llena de magos y domingueros, a pesar de que no era domingo. Porque ya los domingueros salen también los sábados. Terrible, con toda la familia metida en una Kangoo, despacito, para no desequilibrar a la suegra, colocada en la peor ubicación de la furgona. La suegra sirve generalmente de contrapeso. Igualmente me acerqué a almorzar donde como siempre los domingos, ya sé que era sábado, y tuve que esperar una hora a que me atendieran, el sol caía a plomo y estaba realmente incómodo. Consumo grandes cantidades de agua y me siento agobiado como nunca, por lo que lo mejor será echarme en la cama, a ver la mierda de fútbol de la Liga más aburrida del mundo. Este tiempo que lo aguanten los turistas, a los que les gusta tanto el sol. Yo prefiero la sombra.


