tribuna

Feijóo

Muchos se preguntan y me preguntan si Alberto Núñez Feijóo está haciendo una buena campaña electoral, útil a sus aspiraciones de desbancar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno. He seguido de cerca muchas de sus últimas intervenciones, he asistido a algún mitin que protagonizaban otros, pero donde él intervenía, y, la verdad, no sé responder con contundencia. ¿Está Feijóo avanzando o retrocediendo, al margen de los balbuceos de los sondeos, en la carrera hacia las urnas?

Porque, la verdad, resulta muy difícil competir en campaña contra quien tiene la llave del Boletín Oficial del Estado, de las ayudas oficiales, de la propaganda institucional. Máxime si quien tiene todas esas llaves se llama Pedro Sánchez, que es hombre con fama de ambicioso sin cuartel, de no pararse en barras y de ser capaz de estar en varios lugares a la vez. Sí, Sánchez, te lo reconocen en el cuartel general de la calle Génova y en todas las sedes del Partido Popular, es un hueso muy duro de roer. Porque, por ejemplo, ¿cómo oponerse a algunas propuestas, como la de los avales del ICO a los jóvenes que quieren comprar una casa, que ya antes había patrocinado el PP, con menos éxito y desde luego con menos ruido?
Es esa, la capacidad de hacer ruido gracias a la polémica -a la que ayudan algunos que, en su entusiasmo opositor al gobierno, generan un debate extra, excesivo-, quizá la mejor baza de Sánchez frente a Feijóo. El presidente del PP y líder de la oposición representa más bien unas posiciones moderadas en las que grito está ausente, y desde luego exhibe una capacidad de presentar iniciativas inferior a la de su principal rival político. Puede que el gallego, al que presentan como la única alternativa al actual Ejecutivo, tenga mayores dosis de sentido común, pero ¿a quién le interesa el sentido común en el reino del disparate?

Concedo a Feijóo algunos hallazgos interesantes en esta precampaña que se eterniza; por ejemplo, la propuesta, repetida por algunos candidatos populares, de llegar a un pacto para que gobierne el más votado, y no solo en ayuntamientos y autonomías. Ese pacto libraría al PP de su obviamente peor enemigo, Vox, y al PSOE del suyo, Unidas Podemos y el conjunto Frankenstein. Pero claro que ese pacto no se dará, al menos en esta Legislatura, lo que probablemente nos abocará, tras las elecciones generales, a un nuevo período de inestabilidad y forcejeos para llegar a formar una mayoría de gobierno.

Han pasado muchas, demasiadas, cosas desde que Alberto Núñez Feijóo se hizo cargo de la presidencia del PP, en abril del año pasado. El Gobierno ha forzado medidas inéditas -vamos a llamarlo, piadosamente, así- en lo referente a la reforma del Código Penal, de la renovación del Tribunal Constitucional, en la falta de debate parlamentario y en la ausencia de diálogo con la oposición.

Hora es ya, me parece, de que quien lidera esta oposición lance ideas contundentes como misiles, se avenga a renovar el Consejo del Poder Judicial, como ha pedido incluso el comisario europeo de Justicia delante del Rey, y le eche coraje para repetir lo que él mismo insinuó y ahora parece timorato para repetirlo: que España necesita ese pacto de gobernación del más votado, entre otros muchos pactos, comenzando por el de la Justicia, que peor no podría ir. Que hacer oposición no es repetir que el Gobierno todo lo hace mal, sino centrarse en las cosas que de veras hace mal, denunciarlas y presentar soluciones alternativas e imaginativas. Algunas veces, Feijóo lo hace y acierta. Otras…

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