después del paréntesis

Endechas

En una lectura directa de las Endechas a la muerte de Guillén Peraza asumiríamos lo que cuentan, la “verdad” histórica: los palmeros mataron al señorito Guillén Peraza en su intento de conquistar la isla (1447) y ello hace llorar. Pero ese recurso no es pertinente; es el juego. Eso consta: no está en el poema el anillo que los benahoaritas le substrajeron al muerto, si está el robo del escudo y de la lanza del conquistador. Dicho de otro modo, lo que los agredidos de allí le quitaron al muerto es lo sustancial, eso que habría de llevarse a la tumba en honor pero imposible, los “salvajes” consumaron. Así, al hurto del anillo los movió la curiosidad, la atracción por lo no visto antes, no su valor. De ese modo el poema dispone matices no previstos superficialmente y que guardan relación con la perspectiva que lo articula. La “verdad” predicha (en el tránsito de las palabras que representan lo que aconteció) supone subrayar sin distracción: robar los dones de guerra al intruso, y no la joya, lo es por el aprecio ínsito de los guerreros a esos pertrechos. Y eso el poeta no lo ignora, eso el poeta no lo desprecia porque está ahí no para alabar al que ataca sino para subrayar la sustancia del que defiende. Y esa es la posición de las Endechas a la muerte de Guillén Peraza frente a la mirada centralista o colonialista: “¿Do está tu escudo, do está tu lanza?”. ¿El escudo y la lanza del guerrero tuvieron la categoría que se le supone para esos antiguos habitantes de la isla aún no conquistada? Indudablemente sí. Lo que sustancia la entrega es apoderarse en guerra de los bienes de la guerra; ese es el don de los vencedores. Y la respuesta a la pregunta dicha remite a su complemento: la prolongación de la voz anónima que compone el artilugio poemático cuando asegura el silencio del ilustre joven muerto. Muerte que se impone en la entrada del poema: “Llorad las damas”, “Guillén Peraza quedó en La Palma” y “la flor marchita de la su cara”, donde flor encarna “juventud” y marchita “muerte”. Esto es, la pregunta a Guillén Peraza sin respuesta en la posición IV (“¿Do está tu escudo, do está tu lanza?”) no solo confirma la muerte, confirma el choque en el encuentro y sus consecuencias contrapuestas: unos atacan y los benahoaritas se defienden, matan y se quedan con propiedades eximias del muerto. Y eso, que lo es, tuvo noticia exacta de lo ocurrido por los testigos, eso es confirmación histórica, es desplazamiento verdadero de la voz que funda y que acentúa el texto.

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