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El baúl

Guardo parte de mi vida en un baúl, que compré en Los Ángeles y que representa la bandera de los Estados Unidos. Al margen de los tomos encuadernados que contienen una parte de mis artículos y recuerdos escritos de mis 76 años casi, está ese baúl que justamente guarda lo que no he utilizado en mis libros y también algunos manuscritos de ellos. Se paseó el baúl por toda California, en el techo de una furgoneta que Pepe Oneto, paz descanse, y yo alquilamos para visitar el estado. Fue un viaje muy interesante, realizado un tiempo de él bajo la implacable persecución, sin que lograra alcanzarnos, de un temporal, tifón, ciclón, o como se llame la cosa, que azotó no California, pero sí Nueva Orleans y Miami. En ese baúl, pues, guardo lo que me ha sobrado de todo lo que he escrito, pero también programas de televisión, intervenciones filmadas y grabadas en CD, pero no los programas de radio, los de Radio Burgado, que obran en poder de la Biblioteca del Ayuntamiento de Garachico; -o deberían obrar-, porque yo se los regalé. Azorín le dijo una vez a César González-Ruano que la vejez se empieza a notar cuando dejas de sentir curiosidad por las cosas. Qué gran verdad. A mí en este momento no me interesa nada de lo que he guardado durante años. Si alguien con cierta solvencia viniera a pedírmelo se lo regalaría con gusto, visto el comprensible desinterés de mis hijas por conservar estos recuerdos, más absurdos que otra cosa. En ese baúl quizá se encuentren cosas curiosas. Digo quizá porque yo no lo abro jamás, ahí está, viendo pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá. Dormita en un cuarto en el que casi nunca entro mas que para consultar algún libro de los pocos que me quedan. Y allí seguirá, mientras yo siga aquí.

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