superconfidencial

El santo reposo

Una de las promociones más curiosas que hice en mi vida fue en la radio; en Radio Burgado. El alcalde socialista de La Guancha, a la sazón Pepe Grillo, que lo fue durante muchos años, me encargó que promocionara los nuevos nichos que el Ayuntamiento construyó en el camposanto local y pretendía colocar a los vecinos cuanto antes. Hicimos una promoción a lo bestia y me parece que se adjudicaron todos. En la cuña publicitaria se destacaba que desde los nichos se podía ver el mar. No creo que a los muertos de aquel cementerio les importara un pito encararse con el mar, una vez en el otro mundo, pero lo cierto es que la publicidad fue muy del agrado de la población, que compró todos las tumbas en un par de meses. Me parece que cobré por la promoción un millón de pesetas de la época, seis mil euros de hoy, pero valió la pena al Ayuntamiento y, desde luego, a la emisora. Cuando Felipe Machado del Hoyo, siendo alcalde del Puerto de la Cruz, nombró concejal de cementerios al bondadoso y popular falangista José Antonio Lubary Curbelo, el camarada (así lo conocía todo el mundo) se inventó un eslogan para el camposanto del Puerto de la Cruz: “Tendremos un cementerio en el que va a dar gusto estar muerto”. El eslogan fue aceptado por el pleno municipal, desde luego de una manera no oficial, pero sí como una ocurrencia de Lubary. Parece mentira que un lugar tan fúnebre dé pábulo al humor. En Caracas conocí a un funerario de éxito, amigo de Mauricio Gómez-Leal, que tenía un negocio llamado La maison dernière (“La última morada”); y en el Puerto ejerció un funerario y embalsamador, Tomás, que retocaba a los extranjeros fallecidos usando una brocha de enjalbegar y barniz. Los dejaba con un moreno/playa envidiable y los mandaba para Suecia.

TE PUEDE INTERESAR