Canal 7 transmitía habitualmente la procesión magna de la Semana Santa lagunera. En cierta ocasión, los comentaristas fueron Zenaido Hernández y Eliseo Izquierdo, que acababa de superar una dolencia grave. Zenaido se congratuló de ello en antena y la gente llamaba a la casa de Eliseo, un hombre muy querido en La Laguna –y por mí-, para interesarse por su salud. Todo fue muy bien, en una noche climatológicamente espléndida, y Eliseo demostró su conocimiento de la imaginería lagunera, de las tradiciones y del culto. No contó, por cierto, por respeto supongo, la actuación habitual del rabinaje procesional, que era tema favorito de conversación (y exageración) de nuestro común amigo Alfonso García-Ramos, en lo que podríamos llamar dimensión erótica de la Semana Santa lagunera, que supongo que perdura. La anécdota ocurrió al año siguiente. Paco Padrón, director y presidente de Canal 7, para ahorrarse toda la parafernalia que conlleva una trasmisión de este tipo, decidió repetir la del año anterior. Esta vez llovía a mares, pero Canal 7 ofreció el remake, con la consabida alegría de Zenaido por la recuperación de Eliseo, que fue bombardeado a llamadas en su casa por personas interesadas en su supuesta mejoría, que no era tal, porque su dolencia databa de un año y en el momento del cortejo religioso estaba sanito que daba gusto. Los vecinos de La Laguna, al ver la noche tan buena que hacía –la del año anterior— y la de perros que sufría Aguere en el auténtico momento de la procesión, atribuyeron a un extraño fenómeno meteorológico el suceso y llamaban al canal, extrañados, comentando que en La Laguna estaba lloviendo a cántaros y en la tele hacía bueno. Zenaido, aterrado, telefoneó a Paco Padrón, que le restó importancia al asunto, comentándole: “Es un milagro de Semana Santa”. A Eliseo le seguían atosigando a llamadas. Por cierto, me alegro de que estés bien, amigo.
