tribuna

Besos

No siempre se saludó a las mujeres con dos besos. Recuerdo la época en que no se hacía y también cuando se consideró una especie de aperturismo el empezar a hacerlo. Ahora Pam lo considera una supeditación del género femenino a normas machistas. El sometimiento al besuqueo es una invasión de la intimidad, aprovechando el saludo protocolario para sobrepasarse en algo que puede ser el umbral de una agresión sexual. Hay que limitarse a dar la mano, aunque esto pudiera entenderse también como un contacto excesivo. Lo mejor es hacer una reverencia, como los japoneses, y mantener las distancias a las que obligan los modos asépticos. La boca solo hay que utilizarla para hablar, a pesar de que con eso sea más frecuente generar un conflicto, que plantando dos besos en las mejillas. En la copla se insinúa como un hecho sin intención cuando se canta el que le dio Alfonsito a la dalia que cuidaba Sevilla en el parque de los Montpensier. “De Madrid con chistera y patilla llegó un real mozo muy cortesano, que a Mercedes besó en la mejilla, pues eran los niños primos hermanos”. Tú ves, aquí sí que le doy la razón a Pam, porque a partir de un inocente ósculo entre familiares acabaron en boda. Manos mal, porque peor hubiera sido considerarlo una falta grave, o muy grave, según el caso, como ocurrió con Rubiales. En fin, este no es un buen ejemplo dada la liviandad de la familia real en estos asuntos. Vamos a analizar estos comportamientos en personas normales. El descender del beso a dar la mano indica la existencia de una barrera, de un distanciamiento, como la retranca en los bailes del Teobaldo Power, sobre todo cuando se extiende y tensa el brazo para dejar claro hasta donde se puede llegar. A mí me lo han hecho, y he entendido enseguida que la persona que lo llevaba a la práctica no quería tener nada conmigo, y que eso era su forma más clara de manifestarme su rechazo. El saludo en algo gradual que incluye el abrazo con frotamiento en la espalda, el estrujón rápido y fugaz, el plantar dos besos, uno en cada mejilla, el choque simbólico de éstas mientras se dice “mua”, el apretón de manos, el deslizamiento de los dedos fláccidos para ser apresados por otros con desinterés, el ademán de besar la mano sin rozarla, la reverencia o el simple movimiento de la cabeza, con mascarilla o sin ella. Mira tú si hay donde elegir. El Ministerio de Igualdad tiene sobrados ejemplos para redactar un vademécum. Dicho todo esto, solo me queda la duda de considerar estas cosas como uno más d los avances sociales que nos quedan por desarrollar en la próxima legislatura. En este caso, y después de comprobar los resultados, entiendo aquel grito de Iceta cuando decía: ¡Por favor, Pedro. Líbranos de Rajoy!

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