Yolanda le dice al rey que todavía está lejos de alcanzar un acuerdo con el PSOE. Esto hace que no se entienda todo lo que se ha dicho sobre que la investidura fallida de Feijóo fue una pérdida de tiempo. Alguien interpreta que esta falta de acuerdo y compromiso es el anuncio de una convocatoria electoral. No soy capaz de ponerme en la mente de los demás. Cada vez que lo hago, me equivoco, pero si puedo crear un entramado lógico que me lleve a conclusiones no demasiado disparatadas. Mi amigo Juan Oliva tiene una copla de isa que dice: “Si yo fuera Superman te llevaría volando. Pero como no lo soy, te jodes y vas andando”.
Voy a jugar un poquito al si yo fuera, y pensar qué haría yo si estuviera en el pellejo de Sánchez, cosa bastante improbable. ¿Qué es lo que tengo a la vista? Una presión, redoblada y en aumento, de los que pretenden hablar con él. Un silencio absoluto, por parte del presidente, salvo arengas y mítines a los suyos, en donde los miembros de su Gobierno, los expertos, los tertulianos de parte y los articulistas, se manifiestan a sus anchas sin que él diga esta boca es mía. Su negativa a debatir en la última investidura es una prueba de lo que digo. Está haciendo lo que yo haría si estuviera en su lugar, y además le está saliendo bien. Dejar que se infle el globo de las exigencias imposibles, en el que ha picado y colabora la oposición, para después ser él, en un acto heroico y unipersonal, el que lo pinche, convocando elecciones como salvador único de la integridad nacional.
La rentabilidad política de este hecho sería inconmensurable. Me recuerda al pasaje evangélico de la tormenta sobre el lago Tiberiades, cuando Jesús, después de calmar las aguas y andar sobre ellas, les dice a los de la barca: “Hombres de poca fe, por qué teméis”. Este es uno de los principales momentos para acreditar la confianza, para demostrar la autoridad impuesta por su condición divina, mucho más importante que el resto de los milagros de poca monta, porque aquí se provoca la tempestad para sembrar el temor de la inseguridad y luego provocar la apertura de la senda serena que ninguno esperaba. Esta sería mi idea si estuviera en el pellejo de Sánchez, pero como no lo estoy, te jodes y vas andando. No tendría nada de extraño que Yolanda se hubiera dado cuenta de este detalle. Entre perros viejos anda el juego. Por eso le ha dicho al rey que la cosa no está segura, intentando desmarcarse de una operación en la que ella misma participó desde el principio, cuando viajó a Waterloo para entrevistarse con el exigente Puigdemont. Ese giro sorprendente en la estrategia del presidente la cogería con el pie cambiado, y se vería en el otro lado de lo políticamente recomendable en una campaña electoral basada en la rectificación.
En este caso, todos tendrían que rectificar, incluidos los que acusaban a Sánchez de ser un vendepatrias. Todos menos él, que no rectifica porque nunca dijo nada, y pasa a convertirse en el auténtico defensor de la Constitución, víctima de los rumores y la maledicencia de los demás. ¿Verdad que no está mal pensado? Pues esto es lo que debe haber influido en Yolanda para decirle al rey que no las tenía todas consigo. Aquí no se improvisa nada, ni se da puntada sin hilo. De todas maneras no me crean demasiado. Ni yo soy Sánchez, ni Superman, y lo más probable es que todo esto es una quimera más, imaginada por un comentarista que pierde su tiempo en elucubraciones absurdas.
