tribuna

La amnistía y el gobierno

Por Antonio Martinón. La amnistía viene a establecer que lo ocurrido durante el procés catalán quede sin consecuencias judiciales: ni juicios, ni sentencias, ni castigos. Algunos quieren más. Desean convertir los delitos de entonces en actos esencialmente democráticos y a los posibles delincuentes en víctimas de un Estado represor. No estoy de acuerdo con la amnistía. Principalmente, porque vivimos en una España plenamente democrática, con una Constitución moderna. Opino que los acusados de algo deben ser juzgados, dictarse sentencia y, si se les condenara, comenzar a cumplirla. Será más tarde cuando deba ser considerada la aprobación de medidas de perdón, de indultos. El reciente acuerdo entre PSOE y Junts contiene un relato de lo sucedido en Cataluña que no es fiel con lo que realmente ha ocurrido. Se habla del “conflicto histórico sobre el futuro político de Cataluña”, ¡cuyo inicio se sitúa hace más de tres siglos! Sí que hubo un conflicto entre los independentistas, con el gobierno catalán a la cabeza, y las autoridades nacionales, al declarar los primeros la independencia, aunque inmediatamente después dijeran que sí, pero no. Por cierto, en las últimas elecciones generales, en Cataluña fueron elegidos solo 14 diputados independentistas, de un total de 48. Los 14 exigen una amnistía para dar el apoyo a la investidura de Pedro Sánchez, apoyo imprescindible para que pueda repetir como presidente. Esa es la fortaleza actual de Junts y ERC, después de haber quedado tan mal en las elecciones.


Debo decir, llegados a este punto, que llevo mal lo de ser fuerte con los débiles y débil con los fuertes (aunque sean independentistas catalanes). Poco o nada se dice en el acuerdo del conflicto real, claro y cierto, de convivencia en Cataluña, que se produjo principalmente por la actitud sectaria e irresponsable del gobierno de Puigdemont y Junqueras, aunque hay que añadir que hubo falta de habilidad en relación con el Estatut y la ausencia de una política activa por parte de Rajoy. Una parte importante de la sociedad catalana se vio marginada, despreciada y acosada por los grupos independentistas. Por fortuna, la situación ha mejorado mucho, a lo que ha contribuido el diálogo prudente y eficaz entre el presidente Sánchez y las autoridades catalanas. También los indultos parciales concedidos a los principales líderes del procés, a los que no huyeron y que fueron condenados. Se ha planteado que la amnistía es necesaria para evitar un gobierno con la participación de Vox. Es evidente que lo que realmente se evita es la celebración de nuevas elecciones generales.
Doy por hecho que habrá amnistía y que Sánchez será investido presidente. Lo primero no me gusta y con lo segundo me alegro mucho. Debo decir más y admitir que el acuerdo con Junts, aunque no coincido demasiado con lo que en él se dice, abre una puerta a la normalización de la vida política catalana, que tan necesario resulta para quienes viven en esa comunidad y para todos los españoles. También es necesario normalizar la vida política española, ganando terreno los valores de la convivencia democrática. Ceo que los dirigentes de PSOE, ERC y Junts se esforzarán porque todo camine bien, pues ninguno querrá que esto acabe con un fracaso. Se inicia un tiempo nuevo en España. La amnistía seguramente ayude a que las cosas vayan mejor en Cataluña, pero no debe ser a costa de que empeoren en el resto del país. Creo que el presidente Sánchez está plenamente legitimado para proponer o aceptar la amnistía. Serán las Cortes las que decidan y quizás el Tribunal Constitucional. Si finalmente sale adelante, como todo indica, no se romperá España, ni será un disparate, ni convertirá al gobierno en un nido de traidores. Es lícito que se haga, aunque yo crea que no es bueno. Muchos socialistas lo aplauden, así que debo pensar que Sánchez está muy bien acompañado en la decisión.


Solo falta que el Partido Popular se una a esa normalización de la vida política nacional, acepte lo que las Cortes acuerden y contribuya al diálogo democrático en toda España. Tengo la convicción de que Feijóo, si estuviera en la situación que ahora vive Sánchez, se comprometería con la amnistía. Por otro lado, resulta inadmisible el acoso a las sedes del PSOE, a los socialistas, acusándonos de mil lindezas. Respetemos las reglas de la democracia, respetemos al adversario político. Hago público lo que opino sobre la amnistía por respeto a quienes leyeron alguno de los artículos que escribí antes de las pasadas elecciones generales, en los que defendí la continuidad del gobierno de progreso. Creo que debo decir lo que pienso, aunque no sean muchos los amigos y compañeros con los que coincida en esta opinión.

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