Por Alfonso Cavallé Cruz. La muerte de Jerónimo Saavedra ha causado una honda impresión en la sociedad canaria que reconocía sus valores intelectuales y políticos y su papel estelar en el último medio siglo. Nos unimos a las muestras de pesar expresadas por personas de toda condición e instituciones insulares y nacionales por el fallecimiento del doctor Saavedra Acevedo (1936-2023), intelectual de sólido prestigio, profesor universitario -enseñó derecho laboral en la Universidad de La Laguna y fue profesor visitante en distintos centros europeos- y político de impecable trayectoria que presidió el primer Gobierno de la Comunidad Autónoma y fue ministro de Educación y Administraciones Públicas en los ejecutivos estatales que lideró Felipe González. Su nombre está asociado al grupo de letrados y economistas responsables de la redacción del primer proyecto de autonomía, redactado por el Instituto Universitario de la Empresa durante el antiguo régimen. Asimismo, fue uno de los factores de la restauración en Canarias de la Unión General de Trabajadores y el Partido Socialista Obrero Español en los que había militado en la clandestinidad; diputado autonómico y del Congreso de la nación, presidió el ejecutivo canario en dos periodos en los que mostró su inteligencia y templanza, su capacidad negociadora y su elegancia en el ejercicio del poder y de la oposición democrática. Asumió sus últimas responsabilidades políticas en la alcaldía de su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria y, por último, en la Diputación del Común. Dejó una huella inolvidable entre quienes trabajaron con él y le conocieron y, para el conjunto de la sociedad, la estela de un hombre libre y, en consecuencia, de un responsable defensor de todas las libertades y garantías de las que hoy goza la sociedad española. Durante la erupción volcánica de Cumbre Vieja expresó sus opiniones lúcidas y brillantes en distintos y encuentros y medió con las instituciones para hacer más ágiles y eficaces las ayudas a los numerosos damnificados. Descanse en paz y reciba su memoria el reconocimiento y afecto de cuantes le conocimos y, en especial, de los notarios del Colegio de las Islas Canarias que desplegó en el Valle de Aridane un dispositivo de ayuda técnica para acreditar las propiedades perdidas por centenares de vecinos, “las víctimas centrales de la catástrofe”, según el recordado Saavedra Acevedo.
