David González (Puerto de la Cruz, 1984) afronta un nuevo año lleno de proyectos, que se bifurcan en tres itinerarios que no van paralelos, sino que se cruzan constantemente. La enseñanza, la interpretación como percusionista y la dirección orquestal. Este tinerfeño, nacido en la ciudad turística y criado en La Orotava, ha tenido la oportunidad de ponerse al frente de formaciones como la Filarmónica de Málaga, la Sinfónica de Dubrovnik o la Filarmónica de Gran Canaria, entre otras. En esta charla con DIARIO DE AVISOS aborda las múltiples facetas que conforman su pasión por la música.
-Este año ha sido musicalmente muy intenso para usted. ¿Cuáles diría que han sido los hitos de 2023 en su carrera?
“Uno fue regresar a la temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, porque no resulta sencillo y también porque supone una satisfacción tener la confianza de su director titular, Karel Mark Chichon. Asimismo, mencionaría el estreno en Canarias de la ópera de David del Puerto, Premio Nacional de Música en 2005, Lazarillo de Tormes [Vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades, 2022]. Y en la vertiente pedagógica, la presentación del proyecto, en colaboración con la compañía Hojarasca, La luz de Aguere, de la Escuela Municipal de Música Guillermo González, de La Laguna, donde ejerzo la docencia. En junio presentamos una primera parte y luego, ya completa, en noviembre”.
“En esta carrera hay muchos noes, por lo que como profesor intento transmitir tenacidad, rigor en el estudio y pasión”
-¿Cómo afronta cada nueva partitura que debe dirigir?
“Depende mucho de la partitura en cuestión. Últimamente me ha tocado estrenar o reestrenar. Cuando te enfrentas a una obra de la que prácticamente no hay registros de audio ni de vídeo, ese acercamiento es más complejo. También soy pianista de formación y una manera que tengo es tocar mucho esa partitura al piano para ir haciéndome a ella, para que me vaya sonando, por decirlo así. Si hablamos de un repertorio del que existen numerosos registros, escucho muchas versiones, para orientarme y para inspirarme, para ahondar en aspectos que me gustan y luego llevarlos a mi terreno. Básicamente, se trata de profundizar en la partitura, estudiarla y hacerla tuya: intentar lograr una versión lo más próxima posible a lo que quieres transmitir”.

-¿Y es muy diferente asumir esa obra consolidada, que quizás se concibió hace varios siglos, a abordar una composición contemporánea, de la que, como apunta, no hay referencias o muy pocas, pero incluso puede haber un diálogo directo con su autor?
“Sí. Cuando diriges una obra de estreno o que se ha tocado muy poco, suele existir, por el contrario, esa vía directa con el compositor. De entrada, haces un análisis de la partitura y luego, en muchos casos, cuentas con la presencia del autor en el proceso de ensayos, o te entrevistas con él, le formulas preguntas, en qué se ha basado… Recabas información acerca de otras obras suyas, buscas referencias… Con el gran repertorio, en cambio, la idea es ir a la esencia. En la actualidad, las redes sociales, Internet, son una fuente inagotable para la documentación. Cuando era niño solo tenía los discos a mi alcance, hoy hay mucho más. Y eso es magnífico. Una cosa es la formación que posees y otra es la posibilidad de ver lo que se está haciendo en la actualidad, escuchar aquello hacia lo que eres más afín, hacia lo que te sientes más identificado: versiones, directores, orquestas…”.
“Estar al otro lado, formar parte de una orquesta, es una experiencia muy rica que me llevó a la dirección”
-¿Cómo entiende el diálogo entre el director y los intérpretes? ¿Suele cambiar mucho el planteamiento inicial con respecto al resultado que se plasma en el escenario tras los ensayos?
“Todo tiene que ver con esa puesta en común. Partes de la idea que tienes de esa obra en concreto y luego está lo que el grupo que vas a dirigir te propone. Ahí entra en juego tu capacidad de liderazgo y de negociación. En la mayoría de las ocasiones, una orquesta que toca regularmente tiene su propia versión y te la va a ofrecer. Entonces cuentas con la alternativa de modelar eso que te propone o, en cambio, no usarlo y desarrollar tu propia idea. En eso consiste el diálogo con los intérpretes, porque debes estar abierto a lo que te plantean, a cuestiones que a lo mejor ni has pensado y resultan de gran ayuda para la interpretación. Eso me ha ocurrido, por ejemplo, este año con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria [un programa centrado en obras para saxofón y cuarteto de jazz y orquesta, con varios estrenos absolutos], al abordar un repertorio muy complejo. La dirección musical no radica únicamente en asumir la partitura desde la visión que tú poseas. Y tampoco ese diálogo consiste solo en convencer a los músicos -yo lo soy y sigo tocando, especialmente en Gran Canaria-, pues cada intérprete tiene su propia idea; lo más importante es hallar entre todos un espacio común. Es esencial, porque nos brinda mayor solidez, nos aleja del caos, para plasmar aquello que queremos transmitir”.
-¿Qué aspectos busca David González en una partitura que le lleven al deseo de dirigirla?
“La respuesta sería muy amplia. Una cosa es lo que tú propones y otra es el proyecto que afrontas en cada momento. Pueden ser estrictamente de encargo, prácticamente cerrados, con una serie de obras muy determinadas. O, sin embargo, contar con un margen más o menos extenso para exponer tus propuestas. Ahí planteas partituras, porque te gustan, porque ya las has dirigido, porque conoces el repertorio, porque lo has estudiado, porque estás descubriendo compositores y obras de un determinado estilo, de una determinada época… Los proyectos que están definidos de antemano pueden adecuarse o no al momento artístico en el que te encuentres”.
“De mis alumnos aprendo a ser flexible, a ponerme en su lugar y a no dejar de cuestionarme qué necesitan”
-Si uno observa su aprendizaje, el piano y la percusión ocupan un lugar preferente. ¿De qué manera le han sido de utilidad en su faceta como director?
“El piano es el instrumento al que recurro en mi día a día para afrontar las partituras. Todo lo llevo al piano, que me permite ir buscando el sonido que quiero. La percusión es a lo que me sigo dedicando y lo que continúo enseñando. Ese aprendizaje y esa experiencia de haber tocado en muchas orquestas, en Canarias, en España y también fuera, me ha servido de puente para dirigir. Esto le ocurre a muchos directores de orquesta. De hecho, numerosos percusionistas se han convertido en directores porque han conocido directamente el trabajo de los maestros, al margen de la formación específica que recibieron. Estar al otro lado es una experiencia que sin duda resulta muy rica. Y es la que me ha llevado a mí a la dirección”.
-Usted también ejerce la docencia. ¿Cuál es la principal enseñanza, no estrictamente musical, que desea transmitir?
“La tenacidad, la constancia, la pasión. Algo que se ha dicho mucho, pero no deja de ser esencial, es que la música posee una vertiente vocacional muy importante. En esta carrera artística hay muchos noes, muchísimos, por lo que la perseverancia es fundamental. También el rigor en el estudio. A mí es lo que me ha funcionado. Desde que empecé con el piano, cuando realicé y terminé mi carrera de percusión hace 15 años y después, cuando la música me ha ido llevando hacia la dirección. Hablaría de seriedad, de pulcritud, de constancia como los valores más importantes, más que el contenido en sí de la materia que estás estudiando. Al fin y al cabo, muchos de mis alumnos no se van a dedicar profesionalmente a la música, pero estos valores les van a ser muy útiles en sus vidas, y yo se los intento transmitir”.
-¿Y qué aprende usted de sus alumnas y sus alumnos?
“A ser flexible. Es muy diferente la enseñanza reglada a impartir clases en una escuela de música, donde el alumnado es mucho más diverso y amplio. La gran mayoría quiere acercarse a la música, pero no dedicarse profesionalmente a ella. Este tipo de cuestiones me las sigo replanteando: ¿qué les puedo transmitir? Y el aprendizaje que yo recibo tiene que ver con la capacidad de ser flexible, de ver qué necesita cada alumno, de saber escucharlos, de ponerme en su lugar…”.
“Mahler, Dvorák, Prokófiev, Rajmáninov… Tendría que tener muchas vidas para dirigir las obras de autores que me gustan”
-¿Qué retos, qué proyectos, se le presentan para 2024?
“Hay muchas opciones más o menos definidas, más o menos en el aire, que prefiero no desvelar hasta que se hagan realidad. En cuanto a proyectos cerrados, tenemos, por ejemplo, una serie de conciertos didácticos del Lazarillo de Tormes en el Teatro Leal de La Laguna, a finales de febrero, principios de marzo, y como intérprete también hay actuaciones con la Filarmónica de Gran Canaria. Continuaré con esa triple vertiente, la de la docencia, la de la percusión, que continúa siendo un aprendizaje para mí y me permite entrar en contacto con los directores de orquesta, y la de la dirección”.
-¿Hay alguna composición en concreto que tenga la ilusión de dirigir y aún no ha tenido la oportunidad de hacerlo?
“Muchísimas. Dirigir Mahler, por ejemplo. Luego hay un repertorio que me encanta: Dvorák, Prokófiev, Rajmáninov… Por citar solo algunos. Es todo un mundo: tendría que tener muchas vidas para dirigir todas esas obras que me gustan. Siempre, como he comentado, dependiendo del proyecto y de tu capacidad de proponer, esos sueños, esas partituras, podrás hacerlos realidad y dirigirlos”.





