Robo el título a Sabina. Me vi, a las cuatro de la madrugada del día de Navidad, ante el ordenador y sin tema, sin recuerdos, con la mente en blanco. ¿Propio de esta Navidad, cuando las noticias se pierden en los túneles de Hamas, poblados de rehenes muertos? No sé. Lo cierto es que estaba sin tema y el periódico sale todos los días, así que al tajo. Bueno, todos los días menos tres me parece, por tradición. Como me regalé un Iphone 15 pro-max, o algo así, dependo de mi sobrino para que me pase los datos del viejo móvil al nuevo porque yo soy incapaz. Ahora tengo que estar persiguiéndolo durante días, porque él tiende al dolce far niente. Además, llegan los Reyes y tengo que comprar al menos dos regalos, para mis hijas. Hace tiempo que no le regalo a nadie más, ni falta que hace. Pues de pronto me vi ante el ordenata, sin tema para el puto folio que dentro de unas horas me pedirá el periódico de manera implacable. Por cierto, implacable es el adjetivo que utilizó un conocido dueño de un restaurante en Santa Cruz para calificar lo bien que le quedaba un sombrero que se acababa de comprar en la lagunera tienda de Núñez: “Este sombrero me queda implacable”, dijo el hombre, en vez de impecable, que hubiera sido mucho más cercano a lo correcto. Voy a ir por esa tienda a comprarme un Stetson de al menos tres X (cada X es un grado de calidad, creo que hasta cinco), la famosa marca americana de sombreros. Hace poco compré un Panamá auténtico, hecho en Ecuador, en una tienda de la calle de La Hoya portuense. Una gozada, parece que no llevas nada en la cabeza. Y no me equivoco: los sombreros Panamá se fabrican en Ecuador. Puto folio entregado.
