Una universidad americana acaba de revelar que un simio fue capaz de reconocer, en una foto, a su hermana, a la que hacía 26 años que no veía. Es la memoria social más grande detectada en no humanos en toda la historia natural. El comportamiento del simio fue sorprendente para los investigadores. Le mostraron fotos de otros primates, a los que el investigado conoció a lo largo de su vida, y fijaba la mirada en ellos con más atención que en las gráficas de los desconocidos. Pero cuando los científicos pusieron ante él la fotografía de su hermana, a la que no veía desde hacía 26 años, el babuino se mostró alegre y con la mirada fija en la estampa que le enseñaban. La noticia ha dado la vuelta al mundo, así como también la han dado las reacciones de un chimpancé que vio la luz por primera vez, tras años de cautividad, y de otro que se reencontró con sus cuidadores después de mucho tiempo sin verlos. De verdad que las imágenes me han parecido impactantes. No sé si ustedes saben que los primeros estudios serios en el mundo sobre primates se realizaron en el Puerto de la Cruz, en la primera y segunda décadas del siglo pasado. Fue el científico alemán Wolfgang Köhler quien investigó su comportamiento en la Casa Amarilla, situada cerca de la zona de La Paz, hoy en ruinas. Nunca hemos sabido valorar nuestra propia historia. Es una pena que esa casa no haya sido adquirida por una institución, reconstruida y habilitada como museo. Hay, incluso, una asociación que ha hecho lo posible por lograrlo, pero nadie la ayuda. No hemos aprobado los canarios la asignatura de la memoria, que es parte de nuestra cultura. Ahora, los científicos han vuelto a demostrar que la perseverancia es la base de la investigación.

