En la isla de Lobos sólo hay un faro y algunas cabras. Fui una vez allí con TVE a realizar un reportaje sobre José Antonio Rial, en la noche de los tiempos. Rial vivió en Lobos -era hijo de torrero-, pero no nació en Lobos, como Josefina Plá, también hija de farero. La Biblioteca Atlántica, bajo la dirección de los catedráticos Gómez Soliño y García Ramos, acaba de editar la Memoria Entretejida de Rostros y de Sueños, que son prosas y poesías de Plá, bajo la custodia intelectual de Ángeles Mateo del Pino, profesora de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Plá nació en Lobos, en 1903 -no imagino aquel parto sin médico ni partera- y en 1926, y hasta su muerte, repuntando el 2000, vivió en Paraguay, país que adopta como suyo. Reconozco que no conocía su prosa ni su poesía. De poesía no entiendo, pero suena bien. La prosa es magnífica, periodística, concisa. Dice García Ramos que Plá enseñó a leer y a entender la lectura a todo un país y es nuestra, de aquí mismo, de Lobos, una isla que pare escritores por lo que se ve. Fue ceramista, grabadora, autora teatral y todo lo que se propuso. En Paraguay era una diosa de la literatura y Roa Bastos la alaba y la propone para premios. Ella admira a Roa Bastos y le dedica escritos. Una escritora de ese calibre ha permanecido casi en el olvido durante años y años, pero ahora la Biblioteca Atlántica, tan necesaria como hermosamente editada, hace justicia y yo me alegro del regreso a la vida de esta mujer de existencia apasionante, que también escribió cuentos sucedidos. Y que trabajó en la radio y quizá llevó a Canarias en los bolsillos y en el corazón, a pesar de la distancia y del amor por su nuevo país.
