Tras el deceso del caudillo y el acceso a la democracia, se pusieron de moda algunas palabras. Verbi gracia, plataforma, platajunta, mesa de negociación, etcétera. Ahora, con la alternancia en el poder de la izquierdona y de la derechona rancias, otros palabros han saltado la conga: polarización, resiliencia, trasversal. Los que las pronuncian no saben lo que significan, pero les suenan bien. Si un tío no te cae bien, le dices que está polarizado. Si a otro le asalta una rara ocurrencia lo calificas de trasversal. Y si una señora mayor se pone pesada la puedes llamar resiliente. Ser resiliente es saberse adaptar a la adversidad, así que no sé lo que iría a hacer la buena señora para ser llamada así, si comprarse unas bragas/ballena o rezar el rosario. El problema de quienes sacan a la luz esas palabras absurdas es que no tienen nada que hacer; y más las pronuncian cuanto más analfabetos son. Es decir, que no se moleste la Academia en declarar a polarización como la palabra más usada del año, porque no sirve para nada: restringir en una dirección las transmisiones de una onda trasversal. ¡Y es la más utilizada! No aparecen en la lista verbos tan hermosos como aprender, ahorrar, progresar, ni palabras tan bellas como el amor, la paz, el respeto, la educación. No, utilizan polarización y se pasan su puta vida interceptando ondas trasversales, que no sé lo que son, ni falta que me hace. No deben ustedes hacer distingos entre izquierdona y derechona. Ambas son iguales de burras, de analfabetas y de escasamente preparadas; aquí no cabe competición alguna porque siempre acabarían en empate. Ante este panorama, ¿cómo quieren que yo celebre con champán la entrada del nuevo año? Es imposible, porque estaré cazando rayos catódicos con un matamoscas y no tendré tiempo para otras coñas. Como diría F. F. Gómez: ¡A la mierda!
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