anÁlisis

Presidente Saavedra (in memoriam)

Por Fernando Fernández* | En estas fechas, Jerónimo Saavedra nos dejó huérfanos de tu sabiduría y buen hacer. En mi caso, también huérfano de su amistad. Por razones ajenas a mi voluntad, no pude asistir a sus pompas fúnebres. En aquellos aciagos días se dijo todo sobre su relevante figura, con una amplia cobertura en todos los medios de comunicación de las islas y en muchos otros nacionales. Personalmente expresé mi opinión y mis sentimientos telemáticamente. Este mismo Diario de Avisos, fundado en la isla de La Palma, a la que Jerónimo estuvo tan vinculado, hizo una amplia cobertura de su deceso. Cuando tanto se ha dicho y escrito sobre el presidente Saavedra, es difícil ser original. Intentaré serlo.

Jerónimo fue el mejor político que ha tenido Canarias desde la restauración de la democracia y uno de mis mejores amigos. El único de los expresidentes con quien he mantenido una relación estrecha y frecuente. El sábado anterior a aquel 21 de noviembre, estuvimos hablando por teléfono largamente. Preguntó por la situación de La Palma y de sus damnificados, por la erupción del volcán Tajogaite, me comentó algo sobre un libro recientemente publicado sobre él mismo y preguntó sobre el que actualmente escribo sobre Adolfo Suárez.

Pero la figura de Jerónimo va mucho más allá de la política. Fue un hombre del Renacimiento, erudito, mucho más allá de su melómana pasión. Amante de la buena gastronomía, goloso… En nuestras frecuentes comidas, nunca faltaba un postre, cuanto más dulce más de su gusto. Reunía las condiciones que señaló Azorín en su libro “El político”. No era impaciente, sabía escuchar, mantenía la serenidad ante la adversidad, era impasible ante las críticas y no desfallecía ante el error. Nunca me reconoció que el modelo de nuestra integración en la Unión Europea, elegido por su gobierno, no respondía a las necesidades de algunos sectores de nuestra economía, especialmente de la agricultura. Tenía una sabiduría senequista. Parecía seguir los consejos del sabio hispano. Como Marco Aurelio, estoico por la naturaleza, aceptaba la realidad como un dictado natural, algo a lo que luego me referiré. Para él, como para el sabio de Roma, lo importante era el bienestar de los ciudadanos.

Seguramente, esa fue la razón por la cual reveló su homosexualidad en el año 2000, en el prólogo del libro “Onting” del escritor y catedrático Fernando Brusque, según publicó “El País” el 11 de diciembre de aquel año. Jerónimo relató que tomó la decisión en agosto de aquel año, en su residencia de la villa de Mazo en La Palma, “a raíz del fallecimiento, de su colaborador y amigo en un accidente, cuando regresa a su casa en el municipio palmero”. Ocultar su condición sexual, me dijo alguna vez, le causaba desazón, especialmente ante los comentarios homófobos de algunos compañeros de partido. Aquella decisión marcó un hito en nuestro país para la “salida del armario” de los homosexuales. Tenía una estrecha amistad con Pastor Cuevas Cabrera, primo hermano de mi padre, también homosexual. Pastor visitaba frecuentemente a Jerónimo en la capital grancanaria. Allí murió atropellado por un coche cuando cruzaba por un paso de peatones. Cuando fui elegido presidente, me envió una información de la prensa, con una nota manuscrita que decía “ahora qué hacemos con Jerónimo”. Cuando un día se la mostré, me dijo “cosas de Pastor”.

Jerónimo fue miembro de la Gran Logia Masónica, de la que recibió en 2022 su máxima condecoración con distintivo rojo. Pertenecía a la logia Ahora 87, ubicada en La Palma. Allí acudía a sus “tenidas” masónicas, en las que coincidía con el escritor y novelista J.J. Armas Marcelo, Juancho, amigo común e igualmente masón. Juancho es Presidente del Comité organizador del “Festival de escritores hispano americanos”, que se celebra anualmente en Los Llanos de Aridane. Allí, antes de la pandemia, asistimos a una conferencia de Mario Vargas Llosa y a la posterior cena en un conocido restaurante del valle aridanense. Fueron unas horas inolvidables, con conversaciones de alto nivel sobre problemas de actualidad. Sobre la masonería ofreció una conferencia magistral en la sociedad Aridane, conocida popularmente como “el casino”, en los años de la primera legislatura autonómica en la que él fue Presidente del Gobierno de Canarias. Y en esos años, también fue a entregar un premio a un conocido radioaficionado aridanense. Sus vínculos con la isla de La Palma arrancan desde su infancia, desde sus antecedentes familiares con la isla bonita. Ello le valió recibir el título de “Hijo Adoptivo de la Palma”, de manos del entonces presidente del Cabildo Insular, en el año 2022, un acto al que asistí, celebrado en un abarrotado patio central del Museo Insular, junto a la iglesia de San Francisco. En su discurso de agradecimiento, se extendió en una larga y pormenorizada exposición de sus vínculos palmeros, remontándose a las primeras fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves, patrona de la isla, siendo un adolescente. Fiestas lustrales a las que nunca faltó. Se extendió en todos y cada uno de los actos festivos, desde la Danza de los Enanos hasta el Carro Alegórico Triunfal, con música compuesta y dirigida por Luis Cobiellas Cuevas, que sería el primer Diputado del Común, con sede en la capital palmera, como más tarde, recientemente, lo sería el propio Jerónimo. Un año antes, en 2021, asistió al acto de mi nombramiento como “Hijo Predilecto de la Palma”.
Innumerables son los hechos y actos en los que coincidimos. Debo mencionar cuando fuimos llamados por diversos grupos de damnificados por el volcán Tajogaite y acudimos prestos para escucharlos. Querían conocer nuestras opiniones y consejos. Jerónimo les dijo “únanse, no vayan cada uno por su lado y planteen sus problemas conjuntamente”. Fue en diciembre de 2021. Ese año, Jerónimo accedió a presentar en la capital de la vecina isla mi último libro “Autonomía, sí. Pero así, no”. Y la que fue nuestra última cena, antes del verano de este año, le pregunté “¿dónde?” “en el Hotel Santa Catalina, allí se come muy bien”, respondió el gastrónomo gourmet. Hablamos largamente y a la salida del restaurante nos esperaban para saludarnos, Pilar Parejo, viuda del Presidente Adán Martín Menis y alta responsable de la cadena de hoteles a la que pertenece el Santa Catalina, y el jefe de protocolo del mismo, Manuel Martinez Fresno.

Quiso el destino, tal vez no por casualidad, que fuera el 22 de noviembre cuando sus restos mortales recibieran sepultura en el cementerio de Vegueta. Festividad de Santa Cecilia, Patrona de la Música. Ninguna fecha más apropiada para un melómano como Jerónimo.
Adiós, amigo. Gracias por tanto como nos diste. Tu memoria siempre permanecerá entre nosotros.

*Expresidente del Gobierno de Canarias

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