opinión

A propósito de Martín y Sicilia en ‘Cromaterra’

Por Vicente López / José Arturo Martín (Tenerife 1974) y Javier Sicilia (Tenerife 1971) forman una pareja artística desde que a principios de los 90 coinciden estudiando arte en la ULL, una facultad que en esa década, con la llegada de nuevos profesores, reorienta el hacer creativo hacia posicionamientos más conceptuales.

Su extenso currículum muestra una carrera artística extraordinaria, donde museos como TEA (Tenerife), CAAM (Gran Canaria), CEART (Madrid), Espai Quatre (Mallorca) o Henie Onstad (Oslo) poseen obras suyas, han trabajado en galerías como Nina Menocal (México), Charles Cowles (New York), Miguel Marcos (Barcelona) y su obra se encuentra en importantes colecciones privadas, asistiendo regularmente a ferias internacionales de arte como ARCO (Madrid), Expo Chicago, Armory Show (New York), ARTBO (Bogotá) o Platform (Los Ángeles).

Pero quizás lo más destacado de MS, por encima del sobresaliente itinerario curricular, ha sido la capacidad de influenciar a toda una generación de creadores que, bajo la denominación de Escuela de La Laguna, se aglutinó siguiendo su posicionamiento vital y artístico.

Su primera exposición como dúo se remonta a 1995 en el Ateneo de La Laguna, con una muestra que asombra por la frescura y descaro al presentarse ellos mismos como el eje central de toda sus composiciones pictóricas. MS entienden que la representación personal es parte de su sello creativo y buscan, desde sus inicios, establecer una solida fórmula de actuación artística, donde situar la experiencia pictórica y el largo proceso vital que la acompaña. Así cimentan en su primera exposición un culto a la propia imagen, desde donde poder centrifugarse argumentalmente en sus obras. De esta manera, MS muestra una de las características más notables de su trabajo, al mantener un pulso continuo en la construcción incesante de una identidad, explorando todas las posibilidades escénicas que ofrece la postmodernidad. Su trabajo se atreve a interpretar los frágiles territorios de la existencia artística y, a la vez, a explorar los nuevos espacios que ofrecen tanto los movimientos artísticos contemporáneos como la digitalización. En esta línea, MS se adelanta en la década de los 90 a la revolución que surge con el uso de las redes sociales, donde la puesta en escena de cada imagen personal pone las bases de la construcción íntima y social de todo sujeto.

La obra de MS se nutre conceptualmente de la dialéctica que se genera entre sus personajes pictóricos y los propios artistas, creando una obra que trasciende al marco físico que la contiene, para convertirse en resonancia de una vida o quizás en testigo de toda una época.

Pero la lectura de la obra de MS va más allá de cada exposición o imagen que ofrecen. Su trabajo es el medio elegido para la construcción de un mito moderno. Las imágenes que acompañan a las obras de MS van más allá del discurso impuesto por los propios artistas, asumiendo una interpretación más amplia donde poder situar la proyección de sí mismos como héroes de nuestro tiempo. La idea de trascender, de mantenerse en la retina del espectador como supervivientes del tsunami de imágenes que deja poco o nada en la memoria, se convierte en el fin último de todas sus creaciones.

El trabajo expuesto en la Galería Artizar es un continuum, una progresión sin espacios ni divisiones del camino que Martín y Sicilia empezaron hace 30 años con su primera muestra. En esta última exposición se digitaliza su representación haciéndose presente en un videojuego, esculpen en bronce sus bustos en un puerto USB e interpretan en sus cuadros los frágiles paisajes de esta sociedad líquida. Así muestran algunos de los nuevos escenarios de su odisea personal, el relato mítico de MS que recorre las mil mesetas de los territorios artísticos.

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