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Días bobos

Estos, previos al día de Reyes, son días bobos, en los que todo el mundo tropieza con todo el mundo, con el añadido grosero de los paquetes, y en los que no puedes transitar por los grandes almacenes porque sufres el atropello de un televisor de gran tamaño. La gente se embobece y va por la calle como si fuera ésta una tierra de zombis. Es una tierra de zombis. El domingo comienzan las rebajas y simultáneamente la preocupación por lo que has comprado y no has pagado y por lo que vas a comprar y no tienes dinero para pagar. Me ha dicho un amigo comerciante que enero, febrero y marzo serán meses terribles para las economías familiares, que han gastado más de lo que han recibido, con la avaricia de los bancos, los fondos y los prestamistas insaciables de por medio, que te acechan de una manera implacable y te tupen a llamadas como te distraigas en un solo plazo. Primero llaman al consumo y después se quejan porque los clientes no pueden pagar lo que han comprado. Es el ansia viva -José Mota dixit- perpetua del toma y daca entre los que tienen mucho y los que no tenemos nada. Ya nadie es capaz de averiguar cuándo empiezan las rebajas, cuándo los descuentos y la diferencia -inexistente- entre descuentos y rebajas. Hasta los comercios más serios se inventan eufemismos para aligerar las estanterías de mercancías y que entre lo nuevo, que será carísimo. Estos días de compras compulsivas son una auténtica sacadera de perras para el ciudadano, que normalmente no regala al prójimo sino gilipolleces que no sirven para nada. Yo, como cada año, he pedido a los Reyes calzoncillos, que siempre vienen bien, sobre todo a esta edad, en la que uno se sale por todos lados.

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