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Intrigas vaticanas

Una intervención del sacerdote Charles Theodore Murr en Internet me alertó sobre su libro de intrigas vaticanas, Asesinato en el Grado 33. En el libro, que acabo de conseguir y de leer, el autor, un cura estadounidense que fue secretario del cardenal Gagnon, aborda el tema de la masonería dentro de la Iglesia y señala principalmente a dos autoridades eclesiásticas, ya fallecidas, el cardenal Sebastiano Baggio (la última persona que vio, vivo, a Albino Luciani (Juan Pablo I) y el arzobispo Bugnini, entonces nuncio en Irán. En el libro se asegura que fue el joven cardenal Benelli (56 años), arzobispo de Florencia, quien realmente muñó en las elecciones de los papas Juan Pablo I y Juan Pablo II, entre otras cuestiones para evitar que la masonería siguiera nombrando obispos por todo el mundo. Èduard Gagnon, el honesto canadiense, arzobispo entonces y luego cardenal, a quien está dedicado el libro, fue mandatado por Pablo VI, muy afectado entonces por el asesinato de su amigo Aldo Moro, para realizar una exhaustiva investigación sobre Baggio y Bugnini, y sobre el propio cardenal Villot, francés, secretario de Estado y auténtico hombre fuerte del Vaticano. No se afirma taxativamente en el relato si a Juan Pablo I, el papa de la sonrisa, hoy beato, lo asesinaron mientras dormía, el día 33 de su pontificado, lo envenenaron o murió de forma natural. Lo cierto es que Villot se opuso a la autopsia y el misterio permanece. Uno de los dos guardias suizos que custodiaban las estancias del papa afirmó que cuando Baggio fue a visitar a Albino Luciani, a las 8 de la tarde, el cardenal masón le gritaba al pontífice. Albino Luciani fue hallado muerto sobre las 4,30 de la madrugada de esa misma noche. Leyendo todo eso, uno se da cuenta hasta dónde son capaces de llegar algunos dignatarios de la Iglesia Católica. La terrible condición humana.

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