Tras despedir con desdén 2023, un año de mierda para el que escribe estas líneas, créanme, el único aliciente en la caja tonta de una televisión generalista enlatada y previsible es el programa especial de Nochevieja de Cachitos de La 2. Para los que nos quedamos esa noche en la cama o en el sofá esperando cuanto antes el sueño de Morfeo, ya sea por edad, ganas o porque la fiesta simplemente nos da igual, un espacio como este, donde se mezclan los vídeos musicales de cualquier género, fruto del ingente archivo de Televisión Española, con rótulos con comentarios alusivos a la canción, a los protagonistas, a la indumentaria (ahora se llamaría outfit), al decorado o a la escenografía (Lazarov y su mareante zoom), aderezado con referencias a la actualidad política, económica y social del país, siempre resulta reconfortante un chute de buen humor para entrar en un nuevo periodo.
Sin embargo, los textos, firmados aquí por los guionistas Pablo González Batista y Antonio Vicente, que rezuman ironía, sarcasmo y crítica más o menos ácida, repartiendo de manera sutil a todo quisqui, a la diestra y a la siniestra, han vuelto a crear supuestas polémicas artificiales -todas lo son con estos temas trascendentales para la humanidad- a una panda de ofendiditos, algunos por convicción y otros inducidos, poniendo el grito en el cielo porque algún comentario les ha zaherido y, por ende, a millones españoles (supongo que los conocerán a todos).
Espero que Cachitos vuelva el próximo año viejo para pasar una noche que al menos me haya hecho sonreír. Por cierto, de las decenas de comentarios, algunos geniales, me quedo con dos. “El del medio de Los Chichos ya solo aparece en Cachitos. En un país de extremos, no queda nadie en el centro”… Y uno con el que cierro el artículo, con rótulo bajo una canción aparentemente subidita de tono de Los Romeos y que viene a fin de cuentas a decir que el año sigue pero hay cosas horribles que están ocurriendo sin que importe demasiado: “Hagamos el amor y no bombardeemos a niños”…
