Primero que nada, pedir disculpas a la familia Vidal por haberle entregado indebidamente el título de oftalmólogo a don Juan Vidal Torres, cuando en realidad era médico otorrino. Ocurrió en mi artículo anterior. Perdón, sobre todo a mis amigos -y sus nietos- David Arroyo Vidal, abogado, y Miguel de la Vega Vidal, restaurador, por el lapsus mentis. El caso es que yo sabía que don Juan era otorrino, y de los mejores, pero cuando a un viejo cronista como yo se nos mete algo en la cabeza lo trasladamos a la escritura, aunque no sea cierto, desafiando así todas las leyes de la memoria. Menos mal que tengo a Quini Feria de corrector y enseguida me hizo ver el error, aunque, claro, después de publicado. Ahora voy a otra cosa. El maestro don Juan Estany me contó una vez que la canción Extraños en la noche, que popularizó Frank Sinatra y cuyo autor es Ibo Robic, arreglada luego por Ben Kaempfert, con letra de Charles Singleton y Eddie Snyder, era suya. Se trataba, según Estany, de la copia musical de un chotis suyo titulado No se puede ser guapo, que el autor oficial de la melodía le retrató sin piedad. No sé si don Juan Estany pleiteó por ello, o Canarias quedaba entonces demasiado lejos del mundo para hacerlo. Pero don Juan insistía en que la canción era suya y que se la habían plagiado. El maestro Estany tocaba el piano lo mismo en un cabaret de La Cuesta que en Radio Club; era un virtuoso, e igual le daba al ligero Vino tinto con sifón que a una pieza clásica. Yo lo conocí ya mayor, en los setenta, después de haberlo escuchado mil veces a través de la radio. Y ayer, mi amigo Alberto Segura me recordó la anécdota, que le relató el cineasta Raúl Jiménez, a quien yo se la conté.

