João Pimenta da Silva, de 71 años, fallecía este jueves traes caer por un pozo de 40 metros que él mismo había cavado durante meses tras soñar que un “espíritu” le confesaba que había una mina de oro bajo su cocina. Este impactante suceso ha tenido lugar en Ipatinga, Brasil, una ciudad de la región de Minas Gerais.
Según un vecino, “Joao pasó más de un año cavando el pozo y contrató a varias personas para realizar la excavación. Inicialmente, pagaba 70 reales brasileños (unos 13 euros) por día cuando el hoyo era poco profundo, pero, a medida que aumentaba la profundidad, los costes también aumentaban”.
Cuando llegaron los Bomberos de Ipatinga a rescatarlo, no pudieron hacer nada para salvarlo dada la gravedad de las heridas. El equipo de rescate quedó asombrado por la compleja infraestructura que él mismo había creado. Según testigos, el día en que Pimenta salió del agujero, perdió el equilibrio y cayó trágicamente al fondo de la excavación.
En esta caída mortal, Pimenta da Silva sufrió varios politraumatismos, fracturas en ambas piernas, así como en la cadera y un grave golpe en la cabeza.





