Boli Ismael Ouattara, marfileño de 30 años, ha sido muchas cosas: teleoperador y comercial, peón agrícola, monitor de ocio, profesor de fotografía… Tiene cursos universitarios variopintos: de mediación cultural, intervención con población refugiada y migrante, agricultura ecológica, atención al usuario en situaciones límite… Sin embargo, ha sido la vida, los momentos traumáticos, los que marcan su visión de muchas cosas. ¿Y qué hay más marcador que perder a la mujer y a una hija mientras se migra a Canarias por mar? Añadir algo más tras una experiencia así es demasiado osado para un juntaletras…
-¿Cómo y cuándo llegó?
“Llegué en patera, junto a mi hija mayor, en el año 2021”.
-¿Nota mucho racismo?
“En alguna ocasión sí, con algunas personas y situaciones, aunque Canarias no es un lugar donde haya racismo de manera general. Me he encontrado más prejuicios o ideas equivocadas sobre los africanos y sobre lo que origina nuestra llegada”.
-¿Cree que ha ido a más o depende de los momentos, de si hay repunte migratorio o no?
“Cuando llegan muchas pateras, se genera una alarma social agravada por las noticias que se dan. Solo se contabiliza la gente que llega, no se informa de los que siguen su proceso migratorio hacia otros países y esto incrementa la idea de invasión, de que no hay espacio ni recursos para todos. Se da la sensación de que venimos a invadir, quitar las ayudas sociales, el trabajo… y esto aumenta el racismo, la discriminación, el miedo…”.
-¿Ha perdido a familiares o amigos en el mar?
“Sí, familiares y amigos. El viaje a Canarias lo inicié con mi mujer y nuestras dos hijas. Desgraciadamente, fallecieron mi mujer y mi hija pequeña. África está en duelo, el proceso migratorio tiene peligro y muchas personas se quedan en el camino”.
-Se habla de motivos económicos y políticos, pero menos de la mujer, los matrimonios forzados, la ablación, la persecución del homosexual: ¿es más difícil emigrar para estos colectivos?
“Sí, pues sufren mayor discriminación y trato desigual. Suelen ser grupos más vulnerables”.
-¿Qué le parece el Pacto sobre Migración de la UE?
“Hace que la situación sea aún más difícil para los migrantes. Habrá más restricciones, se crearán centros de internamiento, se endurecerá el acceso y el camino de los migrantes, que va de su país de origen a Libia, Túnez…, que servirán de barrera y donde sus derechos podrían verse más resentidos. La investigación y resolución de su situación se acelerarán y habrá deportaciones más rápidas, volviendo al punto inicial”.
-¿Qué opina de que se le ponga precio a las personas y un país pueda rechazar una si paga 20.000 euros?
“En lugar de ponerles precio, deberíamos trabajar juntos para encontrar soluciones justas y humanitarias para abordar los desafíos de la migración”.
-¿Ha creado un castillo la UE y solo lo quiere más fuerte?
“La migración siempre existirá, está unida a la humanidad. Poner más restricciones no la parará; lamentablemente, será mayor la tragedia de los que emigran. Nadie emigra y se expone a un viaje tan difícil si no tiene una razón de peso: es cuestión de supervivencia y eso es un instinto humano primario”.
-Usted lamenta mucho que no puedan convencer a los padres de que no envíen para acá a los niños: ¿por qué les cuesta tanto convencerles de que el sueño europeo es irreal?
“El sueño europeo es una idea compleja y no todos los africanos tienen las mismas experiencias al llegar. La realidad es diferente a como se la imaginan. La decisión de emigrar es personal y depende de muchos factores. Aunque lleguen a saber lo difícil que puede ser, la situación que tienen en su país es tan complicada que aun así emigran. A veces, no se piensa en lo que puede pasar, sino en lo que les pasa. Las familias mandan a sus hijos e hijas por desesperación. Y muchos niños y niñas no vienen con sus padres, sino con su consentimiento expreso, con familiares cercanos o conocidos, y pueden ser separados luego, añadiendo un problema más. Al llegar, las autoridades realizan pruebas de ADN para saber el parentesco, lo que es comprensible para garantizar la seguridad de los menores, pero también se debe aplicar el derecho de no separarlos de sus acompañantes, pues pierden el contacto con su familia. Además, debe buscarse a sus familiares para no añadir otro trauma a todos. Es un derecho fundamental que contempla la ley. Al ser separados, pierden su cultura, sus orígenes, hasta su idioma, lo que es otro derecho a cumplir. Si un menor pierde su idioma, al verse de nuevo con su familia no podrá comunicarse y es una realidad terrible para las familias”.
-¿Con visados y acuerdos laborales se evitaría la emigración por mar y las muertes?
“En gran parte sí, pero el problema es el que todos sabemos: los visados son muy difíciles de obtener. El precio es muy elevado y el tiempo para lograrlo, mucho. Mientras otros pueden emigrar y buscarse un futuro mejor en otro país, para los africanos es muy complicado y no estamos cerca de esos acuerdos”.
-¿Cómo se cura el racismo?
“La mejor arma es la educación desde una edad temprana sobre diversidad y derechos humanos, y desde todos los ámbitos: escuela, familia, instituciones, sociedad… Los medios pueden ser una herramienta útil si se usan bien, transmitiendo la información sin quedarse solo en las cifras de llegadas y en los sucesos relacionados con migrantes. Se deben hacer más jornadas y acciones de sensibilización para erradicar prejuicios. También dar a conocer la cultura de los migrantes, vengan de donde vengan, y no quedarse en los estereotipos… Esa es la mejor manera de avanzar”.





