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¿Dónde meto el mes de abril?

He decidido que en mi mes de abril de este año, en vez de ir a ver la Luna de París, o predecir la llegada del verano en Estrasburgo, voy a instalarme en la azotea, en una tienda de campaña. El ser humano es tan original que acampa en los tejados, para estar cerca de las gatas satas que aúllan su celo entre las tejas de la ciudad. Nadie como Paco Pimentel contó/cantó la noche de Santa Cruz, en sus crónicas para El Día de Salcedo. En sus relatos aparecían los gatos, pero no las tiendas de campaña, porque no había nacido Dekatlon, ni las otras multinacionales que venden alojamientos desplegables. Los tejados van a salir caros finalmente, porque el Ayuntamiento ha puesto en marcha su faceta recaudadora, así que yo lo haré de estrángilis, aprovechando que aquí, al Puerto, no ha llegado el largo brazo de la ley. El mes de abril es el mejor para ver las estrellas y ningún sitio como las azoteas para estudiar astronomía y para ser encandilados con el star shine, que dicen los ingleses. La ciudad se llenará un día de tiendas de campaña en las azoteas, en abril, y se encenderán fogatas y a veces se quemarán los inquilinos a lo bonzo, para despedirse de abril, cuando acabe. Y el resplandor se podrá observar desde los satélites, que lanzarán al mundo la noticia, como las agencias han publicado en todos los periódicos digitales que en Santa Cruz la gente duerme en las azoteas, en tiendas de campaña y sacos de dormir. Como esta sea la forma de vida que nos espera, apaga y vámonos, porque también sería la antítesis del confort y la bienvenida a una vida en el desierto de la noche de Paco Pimentel, junto a gatas satas y tejas. ¿Dónde meto yo ahora el mes de abril?

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