tribuna

Tractores y pesticidas

Por Rafael Torres. Tan cierto es que el agricultor es el eslabón más explotado, maltratado y ninguneado de la cadena alimentaria, como que la reducción del uso de pesticidas no tiene la menor culpa de ello. Sin embargo, la Comisión Europea ha hincado la rodilla ante el lobby alimentario retirando su propuesta para reducir a la mitad los venenos que se echan en los cultivos, como si, en efecto, el necesario saneamiento de las prácticas agrícolas fuera incompatible con la prosperidad del campo y con el trato equitativo a quienes lo trabajan. Los tractores colapsan estos días las carreteras y asedian las ciudades por pura desesperación de los agricultores ante el desairado y empobrecido papel que representan, el de que, siendo los que arrancan los frutos de la tierra, no reciben el precio justo por ello, pero en el río revuelto de esa desesperación se medio olvida quienes son los que se llevan las ganancias de sus ventas tantas veces a pérdidas: los intermediarios y, sobre todo, las grandes superficies, los hipermercados. Son estos, su insaciable designio de comprar barato y vender caro, quienes han torcido el brazo a la Comisión Europea, en tanto los agricultores son los que se echan visceralmente a la carretera dando manotazos al aire, pues la Agenda Verde europea que mira por el medio ambiente, por la salud de las personas y por la sostenibilidad agrícola, a la que la ultraderecha que pesca en ese río achaca todos los males, no es la causa de su infortunio, sino antes al contrario. La cuestión es más sencilla de lo que parece: que el tomate que en el supermercado se vende al público a cinco euros el kilo, no se les pague a los agricultores a treinta céntimos. El resto es confusión, ruido y punto de mira desviado. Por lo demás, el campo, como todo en la vida, necesita sensatez, y esta dicta otros modos de producción agrícola sin tanta porquería fitosanitaria, sin tanto pesticida de esos que, como el glifosato, tantas sospechas de cancerígeno acumula, o como esos otros que liquidan las abejas, emponzoñan las aguas, disparan las alergias o nos dejan los espermatozoides raquíticos y desganados. ¿O no?

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