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Don Antonio

Don Antonio Machín vino muchas veces a Tenerife a cantar, casi siempre en cabarets. Ustedes saben la fama que llegó a adquirir el cubano de Villa Clara afincado en España. En cierta ocasión no trajo a sus músicos. Y en la sala donde iba a actuar estaba contratada la aclamada orquesta tinerfeña Nick and Randy. La anécdota me la refirió Nicasio Ramos, uno de los componentes de la banda. A Machín siempre le acompañaba, y en aquella ocasión también, un pianista al que llamaban Botafogo, seguramente porque procedía del barrio de Río de Janeiro del mismo nombre. Gracias a la memoria de Botafogo, que era como la sombra de Machín, el escritor Eduardo Jover pudo reconstruir la biografía del cantante. Pues bien, preocupados Machín y Botafogo porque no contaban con una orquesta adecuada para acompañarlos, se pusieron a buscar músicos para parchear su actuación. Hasta que escucharon a la Nick and Randy; entonces el pianista le dijo al cantante: “Antonio, estos tocan mucho mejor que yo”. Y así fue cómo la renombrada banda se convirtió en acompañante del cantante en todas sus actuaciones en la Isla, por cierto a sala llena cada noche. Quizá fue una de aquellas madrugadas cuando, harto de escuchar boleros sin que cayera su canción favorita, Dos gardenias, un matiento, estibador portuario, que se había gastado medio sueldo de la semana en asistir a la actuación del cantante, le gritó desde una mesa, desesperado, desaliñado, con el cubata a la mitad y medio cargado: “Don Antonio, don Antonio, dos galdenias, por favol”. El cabaré se vino abajo, con el público descojonado. Don Antonio Machín murió en 1977, en pleno éxito, incluso entre la juventud española. Tiene un monumento en el barrio de Nervión, en Sevilla. Aquí debería tener otro, pero esta tierra es desagradecida, olvidadiza, maledicente y ruin, como todo el mundo sabe.

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