por qué no me callo

El pimpampum

El pimpampum fuego sin tregua de España desde el 23J es un experimento político angustiante sin ratones, con cobayas humanas. En esencia, es la reiteración de Goebbels llevada a la categoría de modus vivendi.


Ya no se entendería una mañana de España sin un caldero al fuego para desayunar. El objetivo de cuanto peor, mejor recuerda al Cristóbal Montoro portavoz de Rajoy en la frenética oposición a Zapatero: “¡Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros!”.


Mientras tanto, el panorama internacional (europeo, por supuesto) invita a cerrar filas y habérselas con el enemigo en la frontera: el gendarme ruso que amenaza a sus vecinos (nosotros, incluso) con una guerra a lo bestia sin salvedad de armas. He anotado estas palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, al hilo de ese desafío: “El retorno de la guerra a Europa Occidental no es una ficción, no está lejos (sic).”


¿Vivimos en dos realidades paralelas? ¿Seguimos siendo miembros de esa comunidad europea o nos la trae al pairo que se esté hablando de algo tan grave a bote pronto? ¿Tras una recesión y una pandemia, funestas ambas, más dos años de infierno en Ucrania, le hemos visto las orejas al lobo (reelecto anteayer) o somos el país más zombi de Europa?
Rebobinemos. Nuestro actual drama es otro. Europa puede decir lo que quiera. Es el España es diferente de Manuel Fraga en los años 60. Todo parte de aquel resultado endiablado que impidió gobernar a un partido y permitió hacerlo a otro. Lo que parecía puramente democracia se tornó una refriega nacional.


Primero fue la cuestión de la amnistía, un arma de doble filo. El off the record de Feijóo y el informe de la Comisión de Venecia han desinflado ese globo. Y si la ley que aprobó el Congreso no se traba indefinidamente en el Senado, en un demencial filibusterismo político, y resultase avalada por los tribunales europeos, es previsible el papelón de todo líder que cifrara su reino en ese caballo sin medias tintas.


Ahora hay un capítulo nuevo. La corrupción de las mascarillas, que invoca el famoso refrán: “Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Lo que parecía un misil en la línea de flotación del PSOE (caso Koldo) ha girado el foco hacia un escándalo feo del compañero sentimental de la baronesa Ayuso (PP), con tal estruendo que ahora no se habla de otra cosa, pues la lideresa, al parecer, mintió queriendo hacerse photoshop en el affaire y se le vuelve en contra como a Kate, la princesa de Gales, por un retoque.


Quienes denostaban los ataques al poder judicial esta vez zurran al fiscal del caso que salpica a la presidenta de Madrid y al partido en plena cruzada ejemplarizante. Un castillo de naipes se viene abajo en tan solo unos meses.


Y de fondo se celebran elecciones en España en un año maratoniano de urnas en todo el planeta, desde Galicia (18 de febrero) a Europa (6 de junio), pasando por el País Vasco (21 de abril) y Cataluña (12 de mayo). Pero, dada la nueva política-ansiedad, un mero calendario de comicios es descrito como un tsunami que abocará a elecciones generales anticipadas bajo la mirada de una acezante oposición que teme al paso de los días.

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