tribuna

Marejada en la Fundación Orotava: aviso para navegantes

Por José L. Montesinos Sirera y Sergio L. Toledo Prats. La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia (Fundoro) comenzará en septiembre una andadura inquietante, cuanto menos. A la vista de lo acontecido recientemente, muchas personas que han formado parte importante de la misma, entre ellas quienes rubrican estas líneas, sus exdirectores José Luis Montesinos Sirera y Sergio Toledo Prats, no formarán parte de la institución, ni la acompañarán -por razones éticas- en la deriva en que se sumerge.
Por el respeto y el agradecimiento que merecen, tanto quienes han contribuido al avance del conocimiento en Historia de la Ciencia -especialistas, investigadores y docentes-, como quienes han estimado y apoyado a la institución por su valor intelectual, les informamos de la gravedad de lo ocurrido. Al hacerlo, al decirlo, no nos mueve la esperanza de cambiar un rumbo ya sentenciado, sino la desesperanza: ya es inevitable ese destino. En cambio, sí nos mueve la convicción de que, cuando acontece una tropelía, no hay que callarse palabra; al contrario, deben manifestarse, que es la mejor forma de no participar de la indecencia, es decir, de conservar la virtud y de mantenerse a distancia de la cobardía. Relatamos brevemente los hechos:
1º. El 12 de diciembre de 2023, el Patronato de Fundoro decidió, por primera vez en la historia de la institución, redactar una convocatoria con carácter oficial para la presentación de las candidaturas aspirantes a la dirección; en las tres ocasiones anteriores, la elección del director había sido una decisión interna de los miembros de Fundoro, no de su Patronato.
2º. En ningún momento del proceso selectivo, se informó ni se publicaron los requisitos de acceso a la plaza, ni el baremo de méritos de los aspirantes, ni los criterios de valoración de los proyectos de dirección, ni las causas de desestimación de las candidaturas ni los plazos de reclamación. Simplemente, se redactó un acta oficial, a la que no se ha dado difusión, en la que solo se indica el nombre del ganador.
3º. El ganador resulta ser una persona de quien se desconoce cualquier mérito que lo pueda capacitar o vincular al área de conocimiento de la Historia de la Ciencia: no tiene publicaciones ni ha impartido conferencias en esta disciplina, ni ha escrito libros, ni artículos sobre la materia. De ello se deduce fácilmente que la decisión de convertirlo en director de Fundoro sumerge a la institución en el desprestigio intelectual, una dimensión que hasta ahora le ha sido desconocida y que abre una incógnita sobre la andadura que emprenda.
4º. La candidata que también se presentaba como aspirante a la dirección de Fundoro (la primera mujer que lo hace en los 25 años de historia de la institución) ha trabajado en ella como investigadora durante 13 años, en cuyo ámbito ha publicado dos libros, artículos, publicaciones periódicas, recursos didácticos digitales, una exposición, ha impartido ponencias en institutos de secundaria, en centros de educación de adultos y en la Universidad de La Laguna y ha publicado un libro de teoría y crítica literaria en una de las editoriales especializadas de la Universidad de Valencia. Su currículo académico incluye un doctorado internacional en Arte y Humanidades y una competencia lingüística en Inglés nivel C2.
5º. La candidata preparó el proyecto que presentó oficialmente tras haber recibido -un año antes- la propuesta explícita del actual director, quien desde entonces continuó asegurándole que era “la mejor persona para dirigir la institución” y que no creía que el otro candidato (el actual ganador) finalmente se presentara, teniendo en cuenta que resultaba absurda la mera comparación de las capacidades respectivas, de la experiencia en la materia y en el conocimiento de la institución. El veredicto final no ha sido menos desconcertante que el significativo y repentino silencio del actual director, un hecho que habla por sí solo.
6º. La candidata presentó un proyecto que incluía la colaboración internacional con instituciones de sólido recorrido en investigación, con cátedras internacionales, entre ellas una cátedra UNESCO, así como un plan concreto para favorecer las vocaciones científicas y el impulso de los jóvenes investigadores en Canarias. Para desarrollar dicho proyecto, conformó un equipo de trabajo compuesto por personas elegidas por su acreditada cualificación para llevar a cabo cada una de las funciones (académicas, organizativas y administrativas) con todas las garantías. Además, cumplía con la necesidad de relevo generacional que se recomendaba para impulsar la institución. Las causas de desestimación del proyecto siguen sepultadas en el silencio.
Una vez más, toca hacer un recordatorio del respeto que las instituciones públicas merecen. Entendemos que la lealtad a la Fundación Orotava nos exige protestar contra este tipo de acciones contrarias a la ética más elemental y no pasarlas por alto. Ya no se puede cambiar el destino de Fundoro, pero conservamos la palabra y las convicciones éticas. Deseamos que estas líneas sirvan de aviso y de agradecimiento a tantos navegantes que nos acompañaron en Canarias y en el mundo. Confiamos en que, al igual que nosotros, conservarán en la memoria el espíritu decidido y la vocación entusiasta con que la Fundación Orotava nació y creció antes de ser arrojada con mañas arbitrarias a las sentinas de la ignominia.

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