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Oxímoron pastelero

Los que protestan por no sé qué, por el viejo método de la huelga de hambre, que acampan en los alrededores de la Concepción lagunera, se enfrentan con un oxímoron pastelero. Este no es otro que sus supuestos estómagos vacíos frente a los expositores armoniosos de tartas infinitas y sabrosas de la cafetería Melita. Yo no quiero pensar en lo que los entusiastas acampados tienen que sufrir viendo en lontananza las tartas de cabello de ángel, de fresas, de almendras, de nata; y ellos sin poder hincarle el diente por amor a la causa, cualquiera que la causa sea, que yo ya no entiendo de causas ni de zarandajas parecidas, debido a la edad. Coño, vaya jodienda estar ahí, acampadito, enguruñadito, muerto de hambre, y las tartas de Melita al lado, en todo su esplendor, en todo su dulzor, en todo su sabor. Decididamente, el mundo está mal repartido y, en todo caso, el mundo no es de los huelguistas sino de los ciudadanos que pueden sentarse en la terraza y tomarse su café con leche, acompañado de tan suculentos manjares, esperando una eternidad a que el camarero le traiga la cuenta. Son las cosas curiosas de la España nuestra, esa España cuyo presidente coge el Falcon, se lanza a Europa, para que Europa reconozca a Palestina como nación, y regresa, fané y descangallado, sin que nadie le haga puto caso y tenga que ser España sola la que rinda honores lejanos a Abú Mazén, también llamado Mamud Abás, que los árabes tienen muchos nombres y muchas esposas, ay. Bueno, pero yo quería hablarles del oxímoron pastelero de La Laguna, que también es patrimonio de la Humanidad, aunque yo, como tal, sólo reconozca al Irreal Madrid, que es el señor dios de los ejércitos del fútbol. Que aproveche.

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