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Ayer fue Día del Trabajo, pero nadie trabajó

En este país de vagos ocurren cosas curiosas, como es la de celebrar el Día del Trabajo sin trabajar. Más de tres cuartas partes de España permanecieron ayer ociosas y algunos tuvieron que trabajar porque el mundo no se puede parar, pero no por ganas. Son las contradicciones de la vida. Además, los sindicatos, bien retribuidos por el Estado, o sea por nosotros, no por las cuotas de los trabajadores afiliados que casi nadie paga, se echaron a la calle –cuatro gatos— para agradecer las gracias recibidas. En los Estados Unidos, los sindicatos viven de las cuotas de sus afiliados, no del dinero público, y tienen una influencia grande en la sociedad laboral. Aquí, en España, han conseguido no tener ninguna y fueron los grandes beneficiados del franquismo, que adoptó un modelo vertical que se resiste a marcharse. Yo me apunté a la UGT, en un momento de mis muchas confrontaciones con las empresas en las que he trabajado, y ahí debo seguir, pero les aseguro a ustedes que no he pagado jamás una cuota. Y nunca recibí una carta de expulsión. Ni siquiera la recibí del Real Club Náutico, cuando dejé de pagar porque nunca había puesto un pie en aquellas instalaciones y estuve cotizando un montón de años. Cuando llamé para reingresar, me dijeron que tenía que pagar las cuotas no abonadas y, entonces, mandé a quien respondió al teléfono a tomar viento. También me echaron de los rotarios por falta de pago. Mi vida ha sido una continua expulsión de los sitios por falta de pago. Y la gente decía que yo era rico, cuando fui siempre más pobre que los payasos del Circo Crespo. O sea, que el propio Crespo, que hacía de payaso, de portero, de mozo de pista y de lo que fuera. Y a mucha honra.

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