tribuna

Con los votos a la vista

La lectura del resultado de las europeas da para varias interpretaciones. Nunca los libros se leen igual. En España, el lugar común es que Tezanos volvió a equivocarse y, en Europa, es que todo se queda como estaba, pero con matices. La catástrofe se ha producido en Francia y Macron ha reaccionado de inmediato convocando elecciones. Se ha hecho un Sánchez y confía que en una segunda vuelta pueda evitar que Marine Le Pen sea la nueva presidenta de la República. Úrsula von der Layen tiene garantizada su renovación repitiendo el pacto entre populares, socialdemócratas y liberales que suman más de 400 escaños. Llama la atención la pérdida de 22 parlamentarios de Los Verdes, con lo cual se denota la falta de aceptación a las exigencias de la agenda 20/30 por el deterioro que provoca su aplicación a ciertas actividades económicas. El crecimiento de la extrema derecha y de los euroescépticos se veía venir, pero no ha sido tan alarmante. El nuevo parlamento europeo deberá moderar aquellas medidas que han provocado la desconfianza entre los electores. Si no lo hace, el descontento irá en aumento y las predicciones de un continente gobernado por los extremismos nostálgicos se cumplirán a medio plazo.

¿Qué consecuencias tendrá para nuestro país? Ninguna. Todo seguirá igual. Dentro de unos días se publicará la Ley de Amnistía en el BOE y volveremos a hablar de Puigdemont, que ha estado conscientemente fuera de la campaña electoral. Lo territorial parece no jugar en el campo europeo; es una aportación típicamente española que ha sido el eje del debate político en los últimos años, pero que parece influir poco en el escenario exterior. El PP sube y el PSOE resiste. Este es el resumen de todos los titulares, siempre valorando la realidad en la posición relativa de las cosas. Bien mirado se trata de un triunfo compartido. La sangre no ha llegado al río y las alarmas no se han disparado. Me recuerda a mi abuelo, cuando el ingeniero jefe le decía: “Don Enrique, ha llegado usted a las nueve y pico”, y él contestaba: “Sí, pero poco pico”.

La euforia de los días anteriores se ha apagado porque los resultados no están para dar botes en los balcones. Sin embargo, habría que ponerse las gafas de mirar hacia afuera y reflexionar sobre los asuntos que hay que corregir. Mirar hacia afuera significa también hacerlo hacia adentro. Al fin, Europa es una gragea que intenta resolver nuestros problemas globales mientras nosotros somos solo el excipiente. Europa es nuestra garantía para lo bueno y para lo malo. Estamos ante la posibilidad de fortalecerla, ahora que sabemos donde están sus debilidades.