Pongamos que vivir como se puede es lo cabal. De lo que se deduce que fulanito de tal no fue a la universidad, no se doctoró en Física, en Ingeniería o no atinó a instruirse en mecánica o fontanería. Y ello corrobora: no tiene oficio conocido. Todo ser que por el suelo anda ha de vivir y el vivir cuesta la cantidad de euros que cuesta. Por más si ocupas casa, has de alquilarla, la compras si no la heredas, que para el caso sería lo pródigo. De modo que lo que se atisba en el sujeto convenido es que no solo vive, sino que vive muy bien. Visita caros restaurantes, cuenta con amistades menesterosas que incendian la envidia por lo que poseen, sale a la calle vestido con traje italiano de último corte, cinturones lucífugos, corbatas de terciopelo, zapatos de cuero mesurable. Y conduce un coche diamantino de esos a los que solo pueden acceder los ricos. Es decir, fulanito de tal resulta sospechoso. Y, en efecto, en una redada de la policía al respecto cayó preso por sospechas infundadas: comercio con drogas. Eso es lo que mi adorado don Eugenio Granell, el reconocido pintor y escritor surrealista, me comentó una vez en su casa, ante sus cuadros y sus proverbiales esculturas. El arte no hace rico a los hombres, me indicó, al interesarme por el precio de su obra; si quieres contar con dinero, mucho dinero, dedícate al narcotráfico. Se augura, por tanto, que ese mundo condena al mundo singular. No tanto al mundo de la ley (que lo hace) cuanto al mundo que vivimos el resto de los mortales, que nos levantamos, desayunamos, vamos a trabajar, regresamos a casa para comer, nos encerramos en nuestro despacho, compartimos la vida con la familia y, a la hora convenida de la noche, nos retiramos a descansar. Esta gente no; vive en el paralelo de las sombras: han de ocultar y no dejar ver. Y en esa nube, el comercio de las identidades, de los verdaderos garantes del negocio. Lo cual muestra que ese individuo no está asentado en la cúspide de ese poder que la justicia llama “maléfico”, sino que es un agente más de la distribución y, como tal, del desafío. Luego, si como ocurrió, es apresado y cuenta con juicio pendiente, reo de muerte. Si conoce, porque conoce; y en ese punto, no por cobardía sino por sobrevivir, cantará el cantar de los cantares. Entonces, cual señalado que es y porque puede ser vigilado certeramente, se conocen las rutas de su sino, se sabe por dónde pisa en su imperio, un BMW con matrículas trucadas, con tres individuos que portaban una escopeta de caños recortados y un fusil, lo siguieron, dieron con él y abrieron fuego. Dos impactos en la cabeza y varios en el pecho. Muerto en el suelo. Así se escribe la historia de algunos hombres.
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