El artista invisible

Por Fernando González-Barreda

Imaginen por un momento que se sientan ante el ordenador, previamente instalada cualquier herramienta al uso de IA, y lanzan un prompt, así, a lo loco. Un prompt, para los profanos como yo, es una instrucción dada a la IA para que nos genere un resultado determinado. Han escrito: “Quiero que me hagas una pintura que represente la soledad del ser humano frente a la máquina” (un tópico que nos viene de perlas). El algoritmo responde y aparece en la pantalla una composición de imágenes maravillosa con una impresionante combinación de colores. Pero hay algo que no nos agrada del todo: “¡Cámbiame el fondo, por favor, no tan oscuro!”. Y el software obedece. Tras varias afinaciones, el resultado es asombroso. Llegados a este punto, a usted se le ocurre registrar la imagen como titular de derechos de autor. Pero ¿está seguro de que esa creación es suya? ¿Es esa imagen -desde el punto de vista jurídico- susceptible de propiedad y podría usted reclamar sus derechos ante cualquier usurpación? Y, vayamos más allá: ¿es acaso una creación? La cuestión no es sencilla pues, en la medida en que la intervención humana en ese resultado final se limita a enviar una simple orden y la IA, sobre la base de algoritmos, crea algo nuevo, la protección que la ley de propiedad intelectual otorga a los autores (individuales y colectivos) parece que no le alcanzaría porque primero habría que considerarla creación humana. El artículo 5 dice que se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica, por lo que podríamos decir que, en este contexto, no hay autor o la figura de este se difumina y cualquiera podría usar aquella imagen. ¿Y dónde está el artista? Es, desde luego, discutible, porque tal vez el proceso de afinación responda a actos singulares que sólo usted realizó y podría dar lugar a un resultado único. Pero lo cierto es que, de acuerdo con esta ley, no se podría registrar la imagen, si bien no podemos olvidar que el derecho, muchas veces, va muy por detrás de la realidad y, en casos como este, podría llegarse a situaciones que obliguen a modificar dicha ley, que está pensada para otro contexto histórico muy distinto a los que nos abren las nuevas tecnologías. Habrá que ver.

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