en la frontera

La importancia de la ética

En el interés actual por la ética, hay razones circunstanciales, como pueden ser los escándalos que nos sirve con mayor o menor intensidad y frecuencia la prensa diaria en todo el mundo. Hay razones políticas en este interés desusado, porque la ética se ha convertido en un valor de primer orden o, cuando menos, como un cierto valor para el mercadeo político. Además, hay también situaciones de desconcierto, ante las nuevas posibilidades que ofrece la técnica, que exigen una respuesta clarificadora. Pero hay una razón de fondo que pienso que justifica plenamente el interés por las cuestiones éticas, e intentaré ahora referirme a ella con un poco de detenimiento.

En efecto, son incontestables los síntomas de que se están produciendo profundísimos y vertiginosos cambios en los modos de vida del planeta, hecho que se pone particularmente en evidencia en las sociedades avanzadas de occidente o en aquellas otras de dispares ámbitos geográficos que, con mayor o menor éxito, se han adaptado a las denominadas exigencias occidentales de vida. Estos cambios en los modos de convivencia son tan extensos y se manifiestan con tal intensidad en las diversas áreas del entero existir (desde la producción a la comunicación, por ejemplo) que muy bien podemos estar asistiendo, como muchos pensadores han apuntado, a un cambio de civilización.

La revitalización de la dimensión ética es hoy urgente porque el pensamiento único, sobre todo en el espacio económico y financiero, se ha impuesto con gran fuerza, derribando gobiernos, manejando bolsas y sometiendo a las poblaciones a toda una serie de sacrificios y penurias motivadas por la incapacidad de los gobiernos de plantar cara a estos invisibles poderes que siguen manejando todos los hilos del sistema. La vuelta a los valores humanos es, por ello, fundamental.

La preocupación por la ética, por fortuna, no es hoy sólo una cuestión de moda llevada cabo por simples razones de actualidad como pueden ser la corrupción política y financiera, las crisis económicas, la pérdida de legitimidad de las instituciones o la mutación de los sistemas de valores, sino que corresponde a un movimiento cultural e intelectual de fondo que parece presagiar el advenimiento de un nuevo ciclo en el desarrollo de la humanidad, en el que el factor ético será el generador del pensamiento, de la acción y de las relaciones de convivencia dentro y fuera de las organizaciones.

Es precisamente en el seno de estas organizaciones humanas donde se hace necesaria la recuperación de los valores éticos como referentes de su actuación. Las estructuras económicas y políticas son instrumentos al servicio del hombre, como también la administración pública debe promover los derechos fundamentales y hacer posible un ambiente de calidad y eficacia en el marco de la legalidad y del servicio público. Cuando se pierde de vista el carácter instrumental de las instituciones y los únicos aspectos que sobresalen son los mercantiles, entonces la lucha por los derechos fundamentales del hombre no puede menos que experimentar un claro retroceso. Por eso, es hoy relevante y urgente plantear que no todo lo que es posible se debe hacer, sino aquello que es acorde y digno del ser humano.

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