Cuando yo empecé a trabajar en el periódico La Tarde, allá por el año 70, llegó a Tenerife una bailarina que además era un bombonazo. Yo recuerdo que me mandaron a entrevistarla, pero he perdido el texto aquel y bien que lo siento. Con 14 años había entrado en el Cuerpo de Baile del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Había sido alumna de danza clásica, desde los nueve años, con el maestro Juan Magriñá; y un año más tarde de danza española con Aurora Pons. En 1969 se gradúa en danza clásica y en danza clásica española por el Instituto del Teatro de Barcelona, en la Escuela Superior de Arte Dramático de la Ciudad Condal. Y a los 19 años se traslada a Tenerife, donde abre su primer estudio de danza en la antigua calle que llevaba el nombre del General Mola, que hoy no sé cómo se llama por eso de la memoria histórica. Años más tarde, junto a su marido, el bailarín Miguel Navarro, funda el Centro Internacional de Danza de Tenerife, creando ambos posteriormente Ballets de Tenerife, que ahora dirige su hijo, Héctor Navarro. Ha recibido el Réplica de Honor, en 2017, y el premio Amor por la Danza en 2020. Su actividad docente continúa sin descanso. Además de una gran bailarina y una reconocida profesora de danza, Rosalina es una currante, que siempre tiene prisa porque no dispone de mucho tiempo libre cada día. Tengo que decir que Rosalina Ripoll, aunque de padres catalanes, nació en la República Dominicana, en 1951.
-Te tengo que preguntar por el panorama de la danza en España, así, para empezar.
“Pues vive un magnífico momento. España, a través de maestros de baile como Víctor Ullate, Lola de Ávila, Miguel Navarro y muchísimos otros, ha creado una cantera magnífica de bailarines que no sólo actúan en nuestro país sino que lo hacen fuera de sus fronteras”.
-Y esas generaciones de alumnos, ¿van a mejor?
“Los tiempos van cambiando”.
-O sea que…
“Ahora las dificultades son menores. Recuerdo que, al principio de mi carrera como docente en la isla, algo tan sencillo como conseguir unas zapatillas de puntas era extremadamente complicado. No había un lugar donde las vendieran, sino que teníamos que encargarlas a la península, cuando no fuera de España. Tardaban meses en llegar. Todas las generaciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes”.
-Me dijeron que cuando llegaste a Tenerife, al día siguiente ya te querías volver a Barcelona. Te entiendo.
“Bueno, hay matices sobre eso. Yo vine muy joven, recién casada con un canario. Tenía 19 años y las islas estaban muy lejos. Incluso la gente encontraba rara mi forma de vestir, que era desenfadada. Pero muy pronto me acostumbré a la isla y aquí me instalé. Fundé mi primera academia allá por el año 70, en un pequeño local, un segundo piso de la calle General Mola. Se llamaba Giselle, como uno de mis ballets favoritos”.
-Yo la recuerdo.
“Tú y mucha gente. Con mis primeras alumnas comenzamos a participar en los ballets de las óperas que organizaba la antigua ATAO (Asociación Tinerfeña de Amigos de la Ópera). También participamos un año en la gala de la elección de la Reina del Carnaval, cuando todavía se celebraba en el Teatro Guimerá”.
-No me digas, no recuerdo.
“Como anécdota, te puedo contar que en aquella época muchas de las candidatas a Reina del Carnaval venían a tomar clases de ballet para aprender a caminar y así defender mejor su fantasía. Eran otros tiempos, claro”.
-Háblame de tus alumnos.
“Creo no exagerar si te digo que por nuestro centro de danza han pasado miles de alumnos. Hay que tener en cuenta que llevo 53 años en activo. Ahora mismo tenemos chicos y chicas de todas las edades, incluso madres de los propios alumnos que se animan a tomar clases mientras esperan a sus hijos”.
-Qué curioso. ¿Están los canarios bien dotados para el baile clásico y la danza española?
“Por supuesto que sí”.
-¿Por tradición quizá?
“Es indudable la tradición musical y el talento artístico que existen en las islas y también, aunque sea menos conocida, la tradición que se ha logrado crear en el mundo de la danza. Si te fijas en las programaciones de los recintos más importantes de Tenerife: Auditorio, Teatro Guimerá e incluso en los auditorios locales de los municipios de las islas, cada vez son más los espectáculos y las propuestas de danza que programan y que son demandados por el público”.
-¿En Tenerife?
“No, no, en toda Canarias. Nosotros ya hemos actuado con nuestros espectáculos de la compañía Ballets de Tenerife en todas las islas. Sin ir más lejos, hace dos meses llevamos dos de nuestros espectáculos a Tías, en Lanzarote, y a Las Palmas de Gran Canaria”.
-¿Existen cualidades específicas para ser un buen bailarín o una buena bailarina?
“Es cierto que al menos en la danza clásica, lo ideal es lo que en el argot del gremio se conoce como “tener condiciones”.
-¿En qué consiste?
“Pues en poseer las condiciones físicas necesarias para poder girar, saltar y tener elasticidad. Pero todo esto debe estar respaldado por una gran capacidad de sacrificio y de memoria a largo plazo para poder recordar las coreografías. Yo lo resumiría así”.
(Rosalina me dice, lo consulto en mis apuntes, que las generaciones de alumnos no parecen ir a mejor. Y que, muchas veces, del fracaso de los alumnos la culpa es de los padres. No dejan que les digas nada a los niños, por eso hay tanto maestro asustado. Me cuenta Rosalina que tiene una alumna de 86 años, que sigue recibiendo clases. Y seguimos hablando de la formación, que es una tarea muy bonita y tan útil para un montón de actividades).
-¿A los 6 o 7 años se sabe quién puede llegar a ser una figura?
“Vamos a ver, podemos intuir si alguien tiene condiciones para ser un buen bailarín o bailarina, pero es demasiado pronto para saberlo a ciencia cierta. Muchas veces es el trabajo constante el que te puede llevar a perfeccionar tu estilo y a conseguir tus metas”.
-Y la estructura física de un alumno, ¿es fundamental?
“La estructura física en la danza clásica es muy importante, pero no por capricho o moda sino por las exigencias técnicas de la misma. Hay que tener en cuenta que la técnica clásica es enormemente exigente y muy difícil”.
-Pero es la base de todo, ¿no?
“Es la base de casi todos los estilos de danza: del baile moderno contemporáneo, incluso de la danza clásica española. Se basa principalmente en el control del cuerpo para poder dominar sus pilares básicos: manejar la elasticidad, rodar, saltar y, en el caso de las mujeres, también poder bailar en puntas. Un peso excesivo, por ejemplo, está claro que no ayuda en nada. Es más, dificulta cada uno de los movimientos y te deja agotada. El tema del peso no es un capricho, sino en el caso de la danza clásica una necesidad”.
-¿Y si se toma como hobby?
“Si la practicas como hobby no hace falta tener un cuerpo delgado, otra cosa es que te quieras dedicar profesionalmente, entonces sí. También hay otros condicionantes. Tener un pie con un empeine pronunciado y una planta arqueada, que beneficia mucho en el trabajo de puntas, así como unas piernas largas o una buena constitución ayudan mucho a la hora de bailar”.
-Es todo muy complejo.
“Bueno, depende. Existe una estética muy definida en la danza clásica, por ejemplo en el caso de los grandes ballets clásicos o de repertorio. Me refiero a los más conocidos: el famoso Lago de los Cisnes, Copelia, Giselle…”.
-¿De qué alumnos estás más orgullosa, Rosalina?
“De todos. Muchos de ellos han logrado puestos claves en compañías tanto españolas como internacionales. Pero obviamente de mi hijo Héctor, que formó parte del ballet de Víctor Ullate y de la compañía de Maurice Béjart, en Suiza. Así como de mi hija Sandra, que también es profesora de danza en mi estudio y en el colegio Hispano Inglés”.
-Aquí has llegado a ser un mito de la danza. Pero ya tienes una edad. ¿Te sientes cansada?
“No, en absoluto, yo sigo trabajando diariamente en el estudio, dando clases, coreografiando bailes y supervisando ensayos de actuaciones. Me mantengo muy bien, no estoy agotada ni mucho menos”.
(Quienes la conocen dicen de ella que es una trabajadora infatigable, carismática, positiva y entrañable, que ha ayudado a muchísimos bailarines a comenzar su andadura en el difícil mundo de la danza clásica. Ha tenido la suerte de dedicarse a lo que siempre soñó, la docencia en la danza. De ahí el entusiasmo que transmite).
-Bueno, a la vista de lo que me has dicho, a lo mejor sería mucho peor parar. ¿No crees?
“Sí, yo creo que lo que me agotaría sería parar la actividad. No me veo sin hacer nada. La danza ha sido mi vida y lo sigue siendo. Ahora mismo estamos preparando nuestro espectáculo de final de curso, que tendrá lugar en el Guimerá, el próximo 23 de junio, en el que participan prácticamente todos los alumnos de nuestra escuela. Y este año será nuestra edición número cincuenta y tres”.
-¿De qué va el espectáculo?
“Vamos a poner en escena un cuento titulado El Lago de Maléfica, que dará la posibilidad a los alumnos de mostrar todo lo que han aprendido y mejorado durante el año”.
-Vaya nervios.
“Pues sí, será un día de muchos nervios, orgullo e ilusión; la culminación del esfuerzo de todo un curso, una actuación que puede ser presenciada por familiares y amigos. Una vez finalizado el curso comenzaremos con nuestro campus de verano, que tendrá lugar durante todo el mes de julio, donde todas las mañanas profesores y bailarines de nuestro centro se encargan de realizar actividades de danza clásica y moderna, expresión corporal, música, juegos, etcétera. Fomentamos, más que nada, la creatividad de los alumnos”.
-¿Para niños y niñas de qué edades?
“Admitimos niños y niñas desde los cuatro años en adelante y es ideal para los de cualquier edad que deseen sumergirse por primera vez en el mundo de la danza; para probar si les gusta. Muchos de ellos suelen quedarse enganchados. Como te he dicho, nosotros no paramos”.
-Rosalina, tu actividad, la organización docente, tiene tres pilares. La escuela, el conservatorio elemental de danza clásica y la compañía. ¿Puedes con todo? ¿Te ayuda tu hijo, Héctor? ¿Tu marido, Miguel Navarro, se ha retirado?
“Mi hijo Héctor es de una gran ayuda, él es el director de la compañía Ballets de Tenerife. En cuanto a mi hija, Sandra, se ocupa de la producción y colabora como regidora de los espectáculos. La actividad docente nos corresponde a todos. Mi marido está retirado, pero no deja de ser una gran ayuda a la hora de ofrecer su punto de vista, de supervisar, y su opinión siempre se tiene en cuenta. Somos una familia y un equipo”.
-Pues mucho que me alegro.





