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Siempre lo mismo

Por nuestra propia condición, incluso por historia, somos un país de estereotipos y de costumbres malsanas. Un país poco noble e incapaz de reconocer los éxitos de los demás, envidioso y reacio a juntar las voluntades para sacar adelante los asuntos públicos. Ahí lo tienen, con la tardía renovación del Consejo General del Poder Judicial, en cuyo trámite ha tenido que intervenir Europa. Es decir, que también somos un pueblo que necesita una niñera. Y la niñera Europa tutela el hecho de que, al parecer, en el futuro no habrá puertas giratorias; es decir, que no se puede ser hoy ministro en un ministerio y mañana juez en un juzgado, porque existen intereses encontrados y porque la justicia y las ideologías deben estar separados. No es nuevo, ya lo dijo Montesquieu en la noche de los tiempos. Pero, por fin, los dos grandes partidos se han puesto de acuerdo en lo que respecta al CGPJ. Los flecos, los veremos. Esperemos también que nadie quiera hacer trampas, como es el uso y la costumbre en este país. De hecho, existe un refrán que lo avala: “Quien hizo la ley, hizo la trampa”. Lo recita el pueblo y se queda tan tranquilo. Es decir, que es patético que la ley y la trampa se encuentren al mismo nivel. Por lo menos ayer, en Bruselas, ante la vicepresidenta de la Comisión, PP y PSOE firmaron el acuerdo y el sistema de renovación del CGPJ. Esperemos, ya digo, que nadie ejerza de tahúr para perpetuarse en el machito, pero yo no me fiaría ni de unos ni de otros. España es un país políticamente desmembrado, que necesita urgentemente de la concordia para conservar el poco prestigio que le queda. No hay que olvidar que aquí nació la novela picaresca, alimentada por la imaginación desbordante de los españoles. Siempre lo mismo.

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