El otro día me invitaron a Gente Radio, por primera vez, y era muy temprano. Hablamos de política con Diego Calvo y Juan Inurria, pero tuve dos lapsus lamentables, parecidos a los de Biden. Confundí la invasión de Irak con otra inexistente de Irán y llamé Rajoy a Feijóo. O sea, que fue un desastre de entrevista, lo cual me hace pensar que ha empezado a entrar por poniente una peligrosa demencia senil, que será el prólogo de mi desgracia. Para un cronista de lo escrito, meterse de repente en una radio o en una televisión es inconveniente, porque todo necesita un entrenamiento. Además, ya no hace gracia una radio hecha por un tipo dormido, como cuando la practicaba yo desde la cama. Con lo que concluyo que no debo salir de la crónica, donde exploto la llamita que me queda, ni levantarme temprano, ni intentar diálogos radiofónicos mañaneros que me puedan situar en un país distinto al que quiero invadir. La carruchez se hace patente lentamente, sin avisar y dejándote en ridículo, porque la Naturaleza es cierto que es sabia pero también muy hijaputa. Me imagino la cara de Calvo cuando llamé a Irak, Irán, y cuando menté a Rajoy como si fuera Feijóo. Es verdad que los dos son gallegos, y a cual peor, pero no por eso debo confundirlos. En lo que sí acerté fue en decir que Manolo Domínguez es analfabeto funcional (siempre llevado al terreno de la política), es decir, que sabe leer y escribir, pero que no interpreta ni lo que lee ni lo que escribe. Si no son capaces de aprobar la reforma de la ley de extranjería, que se manden a mudar y que entre el PSOE en Canarias, con el inútil de Clavijo. A ver si entre todos nos hunden del todo y yo descanso con mi demencia irreversible a la pela.
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