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La cabra de la Legión

En mis tiempos se leía mucho por ahí un eslogan, muy afortunado, de la compañía aérea de bandera española, que rezaba así: “Iberia, donde sólo el avión recibe más atenciones que usted”. Ahora, algún idiota ha cuestionado el desfile de la cabra de la Legión en el Día de las Fuerzas Armadas, cuando en la entrada de los cuarteles debería rezar: “Cuartel de la Legión Española. Donde sólo la cabra recibe más atenciones que los legionarios”. La cabra de la Legión es un ser afortunado, al que todo el mundo quiere, que recibe un entrenamiento adecuado y amable y que lleva, incluso, el chapiri, que es el honroso gorro legionario. A algún tolete de los que pululan por este país, a algún culichichi de esos que andan por la calle, como decía el inolvidable Ángel Isidro Guimerá, se le ha ocurrido comentar que el desfile de la cabra es maltrato animal. Y yo, que soy un defensor a ultranza de los derechos de los animales, sostengo que no sólo no lo es, sino que para la propia cabra, que tiene una vida media de quince años, es magnífico que la acoja el Tercio, porque una vez que no es apta para desfilar se le jubila, se le atiende y, supongo que cuando la cosa se pone fea, se le organizan unas pompas fúnebres que ya quisieran para sí un cabo cornetín de órdenes o un sargento mayor. O sea, que cuestionar el cariño que los caballeros legionarios tienen por su cabra es una gilipollez y decirlo públicamente, más todavía. La cabra del Tercio tiene que estar ahí, encabezando el desfile a paso rápido de la Legión Española, que tantas páginas de gloria ha cubierto en la historia de nuestros ejércitos. Y que los mamarrachos sin sentido de las tradiciones se metan la lengua donde les quepa.

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