tribuna

Un rey en blanco y negro

Por Carlos Acosta García.| Fue recibido con aplausos y despedido con silbidos. No es que lo haya cambiado el paso del tiempo. Es que presentó dos caras a lo largo de su vida. Veamos. El día 13 de mayo de 1814 llegó a Garachico un ejemplar de La Gaceta de Madrid con la noticia de que el rey Fernando había sido puesto en libertad por Napoleón; había llegado a la Corte, donde se le recibió jubilosamente. De tal júbilo se contagió todo el país y, como Garachico no quería ser menos, celebró con el máximo esplendor diversos actos de regocijo. Además del Te-Deum que se celebró en la parroquia con asistencia del ayuntamiento, autoridades diversas y todo el pueblo, se ampliaron tales fiestas durante ocho días con repiques de campanas, voladores, luminarias y salvas potentes en el castillo. El día octavo, se colocó un retrato del Rey en el presbiterio de Santa Ana, mientras se escuchaban salvas en el castillo y los vivas de la gente que estaba agolpada en la mismísima puerta del templo principal. Cuando finalizaron los actos en la iglesia, fue trasladado el retrato al salón de actos del ayuntamiento, mientras la tropa hacía descarga de fusilería. Por la noche, se celebró un refresco en general en la casa del señor Marqués de Villanueva del Prado, donde también había un retrato real en sitio preferente. Lo propio se hizo en el castillo durante tres días consecutivos. Por lo que respecta al castellano de San Miguel, don Diego Espinosa y Román ofreció un espléndido banquete para todos, desde la puerta de su casa. Pero quien llegó a situaciones extremas fue el Marqués de la Florida, don Luis Benítez de Lugo, quien, “por exceso de júbilo”, ofreció pan, carne asada y una pipa de vino en la puerta de su casa y otra noche puso una fuente dentro de una arboleda, con una pipa de ponche y otra de vino con la misma generalidad. También fueron socorridos los prisioneros franceses y la tropa, con pan, vino, carne y pescado, todo ello a expensas de unos particulares. Cuanto dejamos expuesto hace referencia al “inclito” señor don Fernando VII, que en gloria esté. (Junto a los libros de historia vale la pena leer lo que nos ofrecen determinados “papeles sueltos”).